Dos problemas de Cuenca

Mario Jaramillo Paredes

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Hay dos problemas en torno de los cuales la opinión de los cuencanos es unánime: las pésimas carreteras que tenemos y el grosero engaño que significó haber hecho una cárcel nacional de la que se dijo iba a ser solamente regional.

Por supuesto, hay otros problemas, como el de la absurda oposición al Proyecto Soldados-Yanuncay que lo trataremos en una próxima oportunidad y que asegurará agua potable para Cuenca hasta el 2050.

Cuenca, más allá de la críticas que se hacen, muestra valores que son motivo de envidia para otras ciudades. Agua potable, alcantarillado, manejo de los desechos, lagunas de oxigenación, parques lineales, son temas en los que ha existido una política común y continuada por todas las administraciones municipales. Es una ciudad limpia y la ciudadanía ha tomado en serio aquello de que las urbes más limpias no son las que más se limpian sino las que menos se ensucian. Una comparación con otras ciudades del país muestra que estamos bien. Y esos valores son reconocidos y admirados, a veces más que por los propios cuencanos, por la gente que viene de otras ciudades y compara lo malo que tienen allá y lo bueno que encuentran aquí.

Pero así como hay esos aspectos positivos, existen dos puntos negativos que generan un creciente malestar. La vialidad es uno. Las carreteras son de última calidad. La culpa es de un injusto estado central, pero también de algunos sectores de Cuenca que se han opuesto permanentemente a la construcción de determinadas vías o a que estas sean concesionadas

El otro es la cárcel de Turi que debe dejar de ser nacional y volverse regional, como fue mentirosamente anunciada cuando se la construyó. Este engaño ha causado tremenda molestia a los ciudadanos que estábamos orgullosos de vivir en una ciudad tranquila y pacífica.

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Frente a esos dos problemas, la buena noticia es que ya empieza a configurarse un gran movimiento ciudadano, movimiento al que debemos unirnos todos para exigir su solución. (O)