Los términos medios

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Cuando hay conflictos y sus protagonistas se cierran a toda posibilidad de diálogo para encontrar una salida, cabe la intervención de terceros para conseguir este objetivo.

La profundización de los conflictos, y más los de tipo social y político, se agrava si hay posiciones intransigentes de lado y lado.

El escenario donde un bando pretende imponer lo suyo a toda costa, así afecte a terceros; y otro, echando mano de la ley, así sea para defender a esos terceros y así mismo, se torna peligroso.

Entonces cabe la mediación. Para esto es necesaria la intervención de terceros, siempre y cuando actúen con sinceridad, sin cálculos de ninguna índole, dispuestos a decir a las partes en conflicto la urgencia de encontrar los términos medios.

Eso requiere de buena voluntad, de entereza y capacidad para, en la mesa de negociaciones, primero escuchar, luego ceder.

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Si a esa mesa se va para mantenerse cerrado, amenazante, se bloquea toda posibilidad de salir de la crisis. Más bien se la profundiza. Cuando esto sucede las consecuencias son impredecibles.

Ecuador vive momentos tensos, violentos. La paz social pende de un hilo. Se acumulan grandes pérdidas económicas. Hay una ciudad, Quito, cuyos habitantes viven en zozobra. Temen, como hace casi tres años, de ser sometidos, vejados, de ver destruidos sus bienes, ni se diga los públicos.

El resto del país también vive similares tenciones, producto de una bien organizada y estratégica protesta, cuyos motivos, a lo mejor justos, tratan de ser impuestos a raja tabla.

No han faltado las propuestas de mediación. La una parte del conflicto se abre al diálogo; la otra, no.

Hay una mayoría de la población, de alguna manera sintonizada con las causas por las cuales se protesta; pero clama soluciones sobre la base del uso de la razón, no de la fuerza.

Buscar los términos medios, los interlocutores, a lo mejor no del bando político, con capacidad de convocatoria y liderazgo colectivo, acaso sea la urgencia para evitar seguir en el filo de despeñadero.