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Con los churos hechos

CON SABOR A MORALEJA Bridget Gibbs Andrade

Esta semana el correísmo expuso su ardid para destituir al presidente de la república. La declaración la hizo el asambleísta Lloret -no entiendo cómo algunos siguen inclinando la cerviz ante un ratero y prófugo de la justicia, desplegando su lealtad como un alfombra roja- luego de que el plan correísta se malogró al no poder revocar el decreto ejecutivo 455 que declaraba el estado de excepción, pues Guillermo Lasso envió uno nuevo, el 459, que anuló el 455 que estaba en la orden del día de la Asamblea. Con la audacia exhibida por Lasso, los borregos y sus socios se quedaron con la boca abierta, con los churos hechos y zapateando de las iras: iban a derogar algo que ya no existía.

La artimaña para anular el decreto del estado de excepción se planificó bajo el apadrinamiento de los serviles al prófugo y los disidentes de Pachakutik y la ID. Supuestamente ya tenían las 72 firmas que permitían a Saquicela convocar a la sesión. En teoría, el plan hubiera fracasado de todos modos, aunque el presidente no hubiera firmado un nuevo decreto. A la hora de la verdad, no hubo los 70 votos imprescindibles. De los seis votos que pensaban tener de los detractores de la ID, cinco desistieron. Así como no se concretaron los seis votos de Pachakutik.

Los rostros borreguiles visiblemente crispados y demudados, no pudieron ocultar su insondable decepción. Su expectativa era tal que montaron una parafernalia para la sesión con intervenciones de colectivos de derechos humanos para impugnar la urgencia de suprimir el decreto. El asambleísta Jarrín -un servil más- aceptó a regañadientes que Lasso puede emitir los decretos que crea necesarios, en caso de que se compruebe la intención de revocarlos por parte de la Asamblea.

La confabulación borreguil para desestabilizar al presidente de la república quedó truncada. Se les quemó el pan en la puerta del horno a los hambrientos por el poder, a los que viven a cuerpo de rey con dinero público, y a los que reciben órdenes desde Bélgica pretendiendo socavar la estabilidad del país. Para rematar la mala suerte del rebaño, el legislador Fernando Villavicencio les recordó que el prófugo decretó 93 estados de emergencia para reprimir protestas. Y ahora que el presidente Lasso emite uno, no tienen reparo en llamarlo dictador.

“Cuanta doble moral compañeritos”, como diría el ratero mayor… (O)

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