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Por el imperio de la paz

Posiblemente, de cada cien ecuatorianos, noventa y ocho querrán la paz en la República, envuelta en estos once días de protestas en una ola de violencia, de desfogue de odios acumulados, organizada por azuzadores y financistas bien camuflados, también por quienes quieren imponer sus extremismos ideológicos y de asirse a la intransigencia para no dialogar.

A esa ola también ha contribuido el gobierno nacional a causa de su excesiva parsimonia para actuar y tomar decisiones encaminadas a solucionar las grandes brechas sociales y económicas, arrastradas – es justo decirlo – desde hace décadas; pero también por los impactos de la pandemia y la guerra.

También contribuye la Asamblea Nacional, donde se planea y se negocia de todo, pero menos pensando en el país, cuyos problemas estructurales poco importan a la hora de coadyuvar con una legislación acorde a la realidad del mundo actual.

El brutal escenario ocurrido el martes en El Puyo nos habrá llenado de vergüenza ante el mundo civilizado.

Quito es un escenario de guerra. Turbas bien entrenadas destruyen todo. ¿Quiénes son? ¿A quién responden? ¿Quiénes los financian? ¿Serán los comités de defensa de la revolución, creados en un gobierno de nefasto recuerdo? ¿Buscan algo atacando el edificio de la Fiscalía? ¿Así es como se protesta en busca de reivindicaciones sociales o por la carestía de la vida?

Dirigentes de la Conaie, al referirse a esos grupos los consideran “infiltrados”. Empero, no hacen nada para descubrirlos y desmarcarse. ¿Acaso les sirven para sus propósitos; o ambos son parte de un mismo vientre violento?

En Quito, Guayaquil, Ambato y Cuenca, los ciudadanos salen a las calles para expresarse por la paz, para insistir en el diálogo, la única manera de superar una crisis cuyos efectos negativos perdurarán por mucho tiempo y, acaso, sean insuperables.

El clamor por la paz es un llamado nacional. Y para eso es necesario el DIÁLOGO.

Ecuador vive horas oscuras, de violencia, de destrucción. Ya hay muertos. Alentamos ese encuentro.

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