Monseñor Luis Cabrera: “Nos ha quedado un pueblo fragmentado”

“Yo pasé seis años en la provincia del Azuay, tierra que quiero tanto, en el campo la situación parte el alma, la gente no tiene ni para comer”

Monseñor Luis Cabrera, presidente de la Conferencia Episcopal, medió el diálogo entre el Gobierno Nacional y la CONAIE.
Publicidad

¿Cómo fue la convocatoria a la Iglesia si el diálogo estaba prácticamente roto?

Fuimos invitados a ser parte de la media- ción el miércoles, la iniciativa vino de las organizaciones indígenas y nosotros se lo propusimos al Gobierno, que en respuesta nos envió una invitación. Es importante que la ciudadanía sepa que noso- tros jamás nos hemos ofrecido como media- dores, han sido las partes las que nos han invitado.

– ¿Qué los llevó a una mediación que no querían inicialmente?

Creo que fue el drama humano que se comenzó a vivir en el país, estaba al borde de la tragedia, sin alimentos, sin medicina, sin gas, esto fue lo que les dijo que había que bus- car otro camino; además de la violencia entre dos sectores, los a favor y en contra de las manifestaciones.

– ¿Se caminaba a una guerra civil?

publicidad

Sí, lo dijimos, esto va a un estallido, se veía la presencia de una guerra civil, un movimiento que había nacido por la paz y en contra de las manifestaciones ya tenía sesgos de violencia, había caído en el mismo error de humillar, deni- grar, insultar, asomaban los racismos.

– ¿Usted cree que las demandas de los indígenas eran justas?

El mundo indígena evidenció un problema estructural, que viene de siglos y que es la pobreza, que la viven millones de personas, no solo indígenas y afros, que no tienen trabajo, vivienda, salud, carreteras, ni agua, esa es nuestra realidad y no podemos quedarnos lamentando o peor despreciando; muchos políticos se han aprovechado de esos pobres, pero no para que salgan de la pobreza, sino para tenerlos recibiendo migajas y contar con su voto.

– ¿Cree que la dirigencia indígena también los manipula?

Eso sería triste y condenable, pero yo no me atrevería a emitir un juicio de que sea o no así, habría que investigar, pero sería muy lamentable que algunos de la dirigencia prefieran tener a su pueblo con hambre, en la ignorancia.

– ¿Cómo disminuye la pobreza el reducir el precio de los combustibles?

Si sube el precio de los combustibles, suben los productos de primera necesidad y eso afecta a quienes ganan 10 dólares a la semana. Quienes tienen lo necesario para vivir, no sienten eso, pero cuando en la mesa les falta el pan, la fruta, el gas, ahí sienten el hambre, ahí recién reaccionan.

– ¿Cree que es justo que a un Gobierno de un año se le exija solucionar un problema estructural?

Yo no voy a estar ni a favor, ni en contra del Gobierno, pero la pobreza es un problema que todos los gobiernos tienen que hacer el esfuerzo por solucionar, creo que si el actual termina su período democrático el problema seguirá ahí, porque no es cuestión de un Gobierno, sino una política de Estado y sobre todo de la sensibilidad de todos.

– ¿El país quedó dividido?

Nos ha quedado un pueblo fragmentado, herido, a lo mejor con sentimientos de rencor, rabia, tristeza y rechazo.

– ¿Cómo reconciliarnos?

Hay dos caminos que recorrer, el uno es la justicia, hay que reparar, venga de donde venga, hay gente que perdió negocios y familia; el otro, para nosotros, desde el punto de vista cristiano y sobre todo humano, es el perdón, pero eso no significa olvidar, es aprender lecciones, abrir una puerta para reencontrarnos, entender qué pasó, sobre todo para soñar con un futuro como hermanos, porque no somos enemigos, ni rivales.

– ¿Cree que la paz lograda será duradera?

Todo depende de las mesas técnicas que se comprometieron a llevar las partes en estos 90 días, es un gran desafío, si lo logran, esto dará confianza y seguridad para seguir apostando por ir solucionando los problemas.

– ¿La Iglesia seguirá liderándolas?

Nosotros siempre estaremos ahí recordándoles que se comprometieron a reunirse y los resultados se tienen que dar al país, porque el Acta de Paz se firmó ante el país, eso es lo que nos dará la autoridad para decirles: ustedes se comprometieron y tienen que ser consecuentes con eso. Quito.- (ASM)-(I)