¡Cuenca ultrajada!

Hugo Lucero Luzuriaga

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Después de algunos días de firmarse el acuerdo de “paz” entre la CONAIE con el Gobierno, como que nos conformamos que por fin se acabó el paro y llegó la calma para los ciudadanos, sin embargo, pocos se preguntaron o preguntan: ¿quién o quiénes responden por los ultrajes que recibió Cuenca, “Patrimonio Cultural de la Humanidad”?

Cuenca se convirtió en una ciudad sitiada, un espacio casi de guerra, donde se irrespetó desde la tranquilidad ciudadana hasta las libertades de circular por sus calles y avenidas. Estuvimos en cautiverio por las vías obstaculizadas al paso vehicular e incluso peatonal ante el temor de recibir agresiones hasta físicas venidas de algunos “manifestantes”. Se suma la paralización casi injustificada de taxistas y de algunos buseros, con el tranvía “escondido”, que casi que obligaron a un auto encierro de la población en sus domicilios sin oportunidad de adquirir alimentos, y lo más grave, sin poder al menos cocinar sus escasos comestibles por la ausencia de gas, adicionándose la alarmante asfixia de moribundos en los hospitales por carencia de oxígeno ante la injustificada decisión de no dar paso, a nada, por parte de manifestantes que no antepusieron las necesidades de una ciudad y los derechos de sus habitantes.

Y, las calles, avenidas, parque central, perímetro de universidad y más espacios con destrozos y restos dejados por los revoltosos cual campos de batalla, irrespetando y ultrajando el buen nombre de la culta y ordenada Cuenca, todo con la paradoja de: mejores días para los ecuatorianos. Y, en lo humano, personas vilipendiadas, agredidas, mancilladas por la “mala suerte” de no comulgar con sus ideas y tozudas acciones.

Esta interrogante del ultraje, aunque sea repetitiva, va especialmente para sus autoridades, que prioritariamente debieron cuidar y hacer respetar a la urbe y por ende a sus ciudadanos, recalcando que, honrando el derecho de los demás no debemos permitir que se agreda a Cuenca, asumiendo que nunca es tarde para escrudiñar o asumir responsabilidades que: DEJARÍAN UN PRECEDENTE Y EJEMPLO PARA NUEVAS GENERACIONES. (O)

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