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Un inusual invierno

Ni bien salimos de los diez y ocho días de una devastadora protesta, cuyas pérdidas económicas nunca se cuantificarán del todo, Azuay y el Austro en general sufren los estragos de un inusual invierno, entendible si asimiláramos el cambio climático, una realidad medioambiental innegable, irrefutable.

Ha hecho más fuerte el fenómeno de “La Niña” cuya incidencia en la temperatura de la superficie del océano Pacífico repercute en las intensas precipitaciones. Tales condiciones climáticas podrían prolongarse hasta 2023.

Se habla también del alejamiento del planeta tierra con respecto al sol.

La ola de frío es intensa. Se acrecientan las enfermedades respiratorias, confundidas, muchas veces con el Covid-19, cuyos casos, también es cierto, se incrementan, no solo en esta región, sino en todo el país.

Los caudales de los ríos revelan la cantidad de lluvia caída desde el sábado anterior en las diversas cuencas hidrográficas.

Cantones azuayos como Gualaceo y Paute son los más afectados. Los ríos San Francisco y Santa Bárbara han inundado casi todo: sembríos, parques lineales, varias viviendas. Hay escases de agua potable y derrumbes de toda magnitud en las vías hacia Morona Santiago. Una vez más, una tarea urgente para el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y los GAD Provinciales.

Sin vías expeditas todo se perjudica; pues, se pone en riesgo hasta la vida, como sucede en la carretera Loja-Zamora. Aquí, los pasajeros hacen transbordo para cruzar los derrumbes y llegar a sus destinos.

Las autoridades debaten la posible declaratoria de emergencia para afrontar los daños con recursos económicos y celeridad. En Gualaceo, sobre todo, por la turbiedad del agua para consumo humano.

En Cuenca, la turbiedad también afectó a la planta de agua potable de Sústag, alimentada por el río Yanuncay.

Ante tales situaciones vale tomar las debidas precauciones, tanto a nivel poblacional como institucional.

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