La verdad de la vida

Hernán Abad Rodas

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Cuando uno humaniza el dolor consigue identificarse con la alegría de pertenecer al género humano, pues nadie puede sentirse parte integrante de éste, con un corazón de piedra, ya que el dolor es una parte fundamental de la condición humana.

Nuestra vida mundana como todo lo que contiene, es un sueño junto al despertar que llamamos muerte. Un sueño, pero todo lo que en él hemos visto y hecho, quedará como una huella en la perpetuidad de Dios.

La brisa lleva cada sonrisa y cada suspiro de nuestros corazones y guarda el eco de cada beso nacido del amor. En los momentos de dolor, los ángeles cuentan cada lágrima que la aflicción vierte de nuestros ojos; y los espíritus que vagan en el infinito devuelven cada canción, que la alegría ha improvisado en nuestras sensibilidades.

La verdad de la vida, es la VIDA MISMA, cuyo principio no está en el seno de la madre, ni cuyo fin en el sepulcro. Estos no son más que unos instantes de una vida eterna.

Allá en el mundo venidero veremos la tristeza y sentiremos las vibraciones de nuestros corazones; allí recordaremos la esencia de nuestra idolatría, que despreciamos ahora, incitados por la desesperación.

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El extravío que aquí llamamos debilidad, aparecerá mañana como un necesario eslabón para completar la cadena de la vida del hombre. Los trabajos penosos que no nos compensan, vivirán entre nosotros y publicarán nuestra gloria.

¿Destruirá la muerte todo lo que edificamos, o dispersará el viento todo lo que decimos?, ¿La sombra cubrirá todo lo que hacemos? ¿Es ésta la vida?, o es una pasado que se fue y desaparecieron sus restos, o un presente que sigue corriendo al pasado.

Si el Arquitecto del universo aún no permite que se me abran las puertas de la eternidad, continuaré viviendo en este mundo con mi alma y mi espíritu, volveré la vista hacia el Pasado, y ese Pasado es este Presente…Miraré a la vida como la primavera mira al invierno, contemplaré a los obstáculos de la vida, como aquel que ha llegado a la cima de la montaña, después de trepar por la senda más escarpada.

Cuidemos y respetemos a la madre naturaleza; vayamos al campo en nuestras horas de añoranza y anhelos, sentémonos a lado de los lirios y de las rosas y escucharemos cantar a los rayos del sol.

La verdad es la promotora de la vida, dignifica, ennoblece y simplifica nuestro trato personal. (O)