Mujer y política

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Hay un adagio popular que dice “hecha la ley, hecha la trampa” y se cumple cada vez que existen disposiciones y normativas sobre la participación de la mujer en los procesos políticos electorales.   Razón por la cual es de interés de la sociedad observar el fiel cumplimiento del Código de la Democracia en relación con la integración de las listas de candidaturas a fin de que esa diversidad de voces y la participación paritaria pueda ser real.

La disposición del Art. 94 del Código de la Democracia exige que los partidos y movimientos políticos, mediante elecciones primarias o procesos democráticos electorales internos “garanticen la participación igualitaria entre hombres y mujeres aplicando los principios de paridad, alternabilidad, secuencialidad… así como la igualdad en los recursos y oportunidades de candidatos y candidatas.”  Entonces, cabe preguntarse si las candidaturas que lleguen a inscribirse hasta este 20 de septiembre recibieron o no este trato equitativo, la misma oportunidad y, por supuesto, una exposición justa y en cumplimiento con la ley, dentro de la conformación de la lista.

En este aspecto, dado el tipo de elección que tendremos, los partidos y movimientos políticos deberán cumplir no solo con la alternabilidad, secuencialidad y paridad, sino que esta deberá verse reflejada con la participación de las mujeres encabezando listas o en las más altas dignidades.  Así, si una lista presenta candidaturas a las alcaldías de 15 cantones en el Azuay, al menos 5 de ellas deberán ser candidatas mujeres.  El CNE deberá también verificar que, en las listas de procesos pluripersonales como la elección de concejales, el 30 % de las listas de ese partido o movimiento se cumpla con mujeres encabezando estas listas.  En el caso de circunscripciones distritales, como es Cuenca, se espera que el 30 % se cumpla también con mujeres que encabezen las lista a concejales.

La sociedad deberá estar atenta al cumplimiento de la participación de las mujeres, de los jóvenes, de las voces que representen a comunidades y pueblos que incrementen la diversidad cultural y le entreguen nuevas perspectivas a la conversación electoral.  Se debería reconocer a quienes hacen mucho más que lo que la ley obliga, es decir, no se limita a cumplir del requisito, sino que empodera y capacita a sus cuadros a través de verdaderas escuelas de formación y procesos de democracia interna.  De manera que el resultado en papeleta no sea una mera aproximación a la cuota, sino un verdadero y profundo interés por reconocer la justa y merecida participación de la mujer en la política.

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