Que se haga lo correcto

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Ecuador está convulsionado por el femicidio de la Abogada María Belén Bernal, hecho al parecer sucedido estando ella dentro de un recinto policial.  Llama la atención el rol que han tenido tanto la Policía como el Ministerio de Seguridad durante estos días.

Un breve recuento nos lleva a la primera voz de alerta, la de una madre que con desesperación pide respuestas ante la desaparición de María Belén. 

La reacción confusa de las autoridades llamadas a proteger, a dar seguridad y servir con justicia dejaron insatisfechos a familiares, activistas y periodistas.  Hoy, con la dolorosa confirmación de la muerte de la abogada Bernal, lo que pide su madre es “que se haga lo correcto, que se castigue a los culpables” y con un “Dios le pague” agradece a la ciudadanía, porque esta vez fue la presión social la que permitió encontrarla.

Tanto la Policía como el Ministerio de Seguridad y hasta cierto punto la Fiscalía, han tenido un comportamiento errático en el intento de explicar hechos que se han vuelto confusos por la exagerada búsqueda de encuadres que no perjudiquen la reputación institucional. 

La comunicación no puede, ni debe, tapar la irresponsabilidad. Cuando para las autoridades preocupa más el prestigio, el “buen nombre,” la reputación institucional, se ofrece un espectáculo vergonzoso ante la opinión pública, no solo por las expresiones fuera de todo cuidado social y político sino porque las frases sólo representan lo que en verdad piensan los llamados a ejercer el orden, y velar por la seguridad del país.

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No es que hubo “error humano”, o “crimen pasional”, quien piensa así puede llegar a justificar el silencio de esa docena de testigos que, ya sea por no meterse en “problemas personales”, o por el famoso “espíritu de cuerpo”, no actuaron en defensa de María Belén.

Y ellos son quienes estaban en un recinto de capacitación, son los que debieron entender sobre derechos humanos y actuar sobre el contexto social en el que, en ninguna circunstancia, se le debió negar ayuda a quien a gritos la pedía en el cuarto de al lado.

En la rueda de prensa convocada en el mismo recinto donde desaparece María Belén, el ministro Carrillo habló de disculpas, pide perdón por las acciones equivocadas y las omisiones. Ofrece correcciones radicales.

Pero también defiende a la Institución y la necesidad de mejorar la malla curricular de capacitación.  Ha puesto el cargo a la disposición del primer mandatario.  El tiempo dirá si los gestos de Carrillo le alcanzan para sostenerse en una de las funciones que más ha comprometido la valoración del presidente Lasso. 

Es difícil esperar resultados distintos haciendo lo mismo una y otra vez y con las mismas personas.  Por eso insiste doña Elizabeth, que se haga lo correcto, porque hasta ahora han sido una seguidilla de hechos en los que las Instituciones demostraron que ya sea por acción u omisión el feminicidio de María Belén Bernal es la consecuencia de un Estado fallido. (O)