El “perdón” oficial

Luis Muñoz Muñoz

Políticamente, estamos asistiendo como nunca antes en la historia de nuestra vida republicana, a presenciar y vivir hechos que nos dejan asombrados y perplejos, que se nos hace increíble que estén sucediendo, en un estado en el que todos los días el Gobierno como los Asambleístas se enjuagan la boca con la palabra democracia.

Acaba de conmocionarse Ecuador y el mundo, ante la muerte de María Belén Bernal que apareció sin vida en un cerro cercano a la Escuela Superior de Policía del Ecuador en la Ciudad de Quito, lugar donde se forman los oficiales y las tropas de esa institución.

El sospechoso del asesinato es nada menos que el teniente Cáceres quien fungía como instructor de la institución y que en la actualidad se encuentra prófugo de la justicia, mientras que los funcionarios del Gobierno y el mismo Presidente Guillermo Lasso, se encuentran empeñados en limpiar la imagen de la Institución policial y del Gobierno, en un vano esfuerzo para recuperar la credibilidad y la confianza de los ecuatorianos en una institución en la que, solo este año, varios de sus miembros se ven involucrados en delitos como el sicariato de una bebé; el ingreso de municiones a la cárcel o el tráfico de drogas.

La misma Policía, es la responsable de su desprestigio y el gobierno parece ciego ante esa realidad. Tanto el ministro Carrillo como el señor Guillermo Lasso, han pedido perdón públicamente, por estos hechos, como si con ello se va a remediar la situación, que equivocado está el Gobierno, al pedir perdón por cada escándalo que se produce, en vez de proceder en forma inmediata a la rectificación y restructuración de las estructuras caducas que se mantienen en el país, en el orden político, social, económico y de seguridad pública.

Es necesario reformar la Constitución y las Leyes, con el objeto de implantar un nuevo orden social, que permita la convivencia entre ecuatorianos, bajo el imperio de la Ley y la justicia, en el que el “espíritu de cuerpo”; desaparezca en los casos de violencia, física o psicológica y no solo en la Policía sino donde ésta se presente.

El perdón oficial proclamado por el Gobierno, no es la panacea, para sanar las heridas de un pueblo ofendido, vilipendiado, humillado por quienes están obligados a cuidarnos y garantizar una vida digna, sin olvidar a los grupos vulnerables niños, mujeres y ancianos, a estos últimos que ni de soslayo se refiere el Gobierno a las políticas que se aplican o se aplicarán, para hacer su vida más llevadera hasta que exhalen su último suspiro.

El Gobierno tiene como prioridad en mantenerse a toda costa en el poder y para ello no le importa pactar con Dios o con el diablo, por lo que el perdón proclamado es otra forma de distraer al pueblo, fingiendo un arrepentimiento que no lo siente ni de lejos. (O)