Escuelas argentinas todavía arrastran los efectos del confinamiento de 2020

Buenos Aires.- Durante el primer año de pandemia, Argentina mantuvo férreas restricciones para impedir la propagación del coronavirus en su territorio, entre ellas el cierre total de las escuelas, que todavía arrastran algunos efectos de aquel prolongado confinamiento.

Uno de los más complejos de solucionar, según los expertos, está relacionado con los miles de estudiantes que se “desconectaron” del sistema educativo y aún no han vuelto, un problema mayor entre los sectores más vulnerables, en medio de la profunda crisis económica y social que vive el país desde hace más de tres años.

“Son chicos que, en muchos casos, se han puesto a trabajar; que están contribuyendo a la economía familiar de alguna manera o al cuidado de sus hermanos mientras los padres trabajan”, detalla en una entrevista a Efe Claudia Romero, doctora en Educación e investigadora de la Universidad Torcuato di Tella (UTDT).

UN AÑO SIN CLASES PRESENCIALES

Argentina fue uno de los primeros países latinoamericanos en tomar medidas para combatir la pandemia, con un “aislamiento social, preventivo y obligatorio” que se extendió (con diferentes modificaciones) entre el 20 de marzo y el 20 de diciembre de 2020, mucho más que en otros países de la región.

El impacto para el conjunto de la sociedad fue enorme: la economía retrocedió un 9,9 % en 2020, la tasa de pobreza aumentó hasta el 42 % (hoy está en el 40,6 %) y los niños y adolescentes pasaron todo el año sin clases presenciales.

En este contexto, la llegada de la educación a distancia desnudó todas las “desigualdades” que padecía el país incluso antes de la pandemia, con enormes dificultades para el seguimiento de las clases virtuales o el acceso a internet, según constata Cora Steinberg, especialista en Educación de Unicef Argentina.

“Esto ha mejorado levemente, pero hacia fines del 2021 alrededor del 42 % de los hogares no disponía de una computadora para las tareas escolares de sus hijos (…). Las desigualdades de los hogares atravesaron las posibilidades reales de los chicos de tener esa continuidad de comunicación”, señala Steinberg a Efe.

De hecho, entre los más jóvenes persisten las secuelas psicológicas del aislamiento: un 24 % de los menores de seis años sufría alteraciones del sueño a finales de 2021, según Unicef, un problema que condiciona por completo sus capacidades de atención y socialización.

ALUMNOS DESCONECTADOS

Si bien la mayoría de estudiantes volverá a las clases presenciales con casi total normalidad este año, todavía existe un reto pendiente: recuperar a los miles de niños y adolescentes que se “desvincularon” del colegio en algún momento del confinamiento y que no han regresado.

No hay datos fehacientes sobre cuántos alumnos se desconectaron, aunque Unicef Argentina estimó que “al menos 357.000 niñas, niños y adolescentes vieron interrumpida su escolaridad en 2020”, según datos de su cuarta encuesta de percepción y actitudes de la población.

Con el propósito de revertir esa realidad, el Gobierno nacional puso en marcha diversas medidas de revinculación escolar, como el programa “Volvé a la escuela”, que cuenta con un presupuesto de 5.000 millones de pesos (unos 46 millones de dólares).

Sin embargo, todavía faltan políticas “integrales” que favorezcan el regreso efectivo de los alumnos, según Claudia Romero, quien planteó tres propuestas al respecto: crear un registro nominal de estudiantes a nivel nacional, impulsar planes amplios de asistencia socioeconómica y “reformular” el propio trabajo escolar para incluir a los alumnos que abandonaron el colegio.

“(Hay que) priorizar los contenidos que se van a enseñar y armar esta reprogramación que, por lo menos, va a llevar entre tres y cinco años hasta que pueda alcanzar la situación prepandemia”, estima la doctora en Educación, reconociendo que recuperar a todos los alumnos será una “tarea titánica”.

LA VUELTA A LA NORMALIDAD

En cualquier caso, la ciudad de Buenos Aires y la provincia occidental de Mendoza retomaron este lunes las clases con presencialidad completa, con nuevos protocolos sanitarios que dicen adiós a las burbujas y al aislamiento por contacto estrecho.

Una situación de cuasi normalidad que es posible gracias a los avances en la campaña de vacunación: más de 36 millones de argentinos recibieron las dos dosis de la vacuna, una cifra equivalente al 80 % de la población.

Ese alto porcentaje de vacunados permitió frenar el impacto de la variante ómicron, responsable de una tercera ola (en declive) que provocó más de 8.000 muertes desde comienzos de año, en comparación con los más de 40.000 decesos de la segunda ola.

Ante un panorama sanitario más despejado, el país suramericano podrá concentrarse en apuntalar su incipiente recuperación económica, frenar la alta inflación y aplicar el programa comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar deudas por más de 40.000 millones de dólares. EFE