La terapia intensiva del “Voluntariado Bomberil Cuencano”

-PESE A SU VIGOROSIDAD Y FORTALEZA INSTITUCIONAL, EL VIRUS PANDÉMICO DE LA INGRATITUD E INTERÉS PERSONAL PARECERÍA HABERLO ACECHADO- Diego Felipe Rodriguez Muñoz

1955. Cmdte. Jaime Maldonado Ambrosi, Crnel. Vicente Tamariz y Cmdte. Efraín Vásquez Tálbot. La buena imagen institucional proyectada por sus jefaturas, se mantuvo de la mano con el apoyo incondicional de autoridades locales y nacionales.
Publicidad

-Se trata de una “benemérita Institución” cuya filosofía de bien se ha mantenido sintetizada en aquella emblemática “abnegación y disciplina” concebida como aquella auténtica y desinteresada entrega que desecha o rechaza el interés personal o el beneficio de inventario-


1957. Crnel. Vicente Tamariz recibiendo a Camilo Ponce Enríquez para el acto de Sesión Solemne. Varios mandatarios visitaron la institución bomberil cuencana en reconocimiento a su “voluntariado”. Lo haría también José María Velasco Ibarra y Sixto Durán Ballén.

Cuesta trabajo aceptar que aquella vigorosa, reverente e inigualable gestión altruista institucional, rígidamente cimentada sobre la base del voluntariado, solidaridad, entrega y desinterés hoy se encuentre sometido a una profunda y delicada terapia intensiva, causada no solo por pequeños focos infecciosos enraizados en posiciones adversas y hasta antagónicas a sus principios y fines institucionales, sino además, por la falta de atención y decisión de quienes, teniendo la obligación legal y moral de impulsar soluciones y correctivos concretos e inmediatos (autoridades municipales), no se atreven a extirpar de raíz -parecería temblarles la mano- lo que ya se habría constituido en un estratégico, programando y paulatino desplazamiento de aquel histórico y reconocido voluntariado que por décadas exteriorizó capacidad, organización y excelencia institucional, a través de ejecutorias encaminadas a contrarrestar la adversidad, el dolor y el sufrimiento.

Me refiero a un voluntariado –hombres y mujeres- históricamente enrumbado por los senderos del servicio y solidaridad, para generar y edificar seguridad y bienestar social a través de la optimización, tecnificación y profesionalización institucional, con altos niveles de aceptación y reconocimiento nacional e internacional como así lo demuestra la declaratoria de “Benemérita” otorgado por el Gobierno del Presidente Velasco Ibarra, en 1970, cuando se impuso la condecoración “Mérito al Valor Cívico” por una brillante trayectoria que, lamentablemente, en los últimos años se ha visto desestimada y ultrajada por los antagónicos sinsabores de la ingratitud, que la estarían llevando a un incomprensible desplazamiento para consolidar, posiblemente, viejas y tradicionales prácticas inmersas en favoritismos sectarios, personales o de grupo a través de fraguadas o acomodadas “designaciones” enganchadas a “erróneas interpretaciones” que de concretarse, arrastrarían a ese tan generalizado abuso de poder y autoritarismo que tanto daño ha hecho en diferentes esferas de la sociedad.

Más aún, lo irónico e incomprensible, cuando al interior de este paulatino “desplazamiento” parecería estar inmersa –esperemos que no sea así- una camuflada y sui generis mutación y participación conceptual promovida por “voluntarios” y “rentados” que de visualizarse, obligaría citar aquello de: “…cría cuervos y te sacarán los ojos…”.  

ALGUNOS HITOS EN SU HISTÓRICA TRAYECTORIA

publicidad

No fue acaso este “voluntariado cuencano” el que prestó valioso contingente en la grave creciente del río “Matadero” en 1950; o, hizo protagónica presencia en las tragedias aviatorias de Andesa y Tame, en 1946 y 1983; o, hizo presencia en los incendios del Instituto Salesiano, “Llantera” y “Guapán”, en 1962, 1983, 1985, respectivamente. No fue este mismo “voluntariado” el que rescató de entre el agua, lodo y escombros a varios ciudadanos –incluida una niña- en la grave tragedia de la “Josefina”, en 1993; o, evitó impredecibles consecuencias en el dantesco incendio de la “Ferretería Vásquez-Brito”, en 2008, cuando acaeció la inmolación conceptual –“vencer o morir”- con el triste fallecimiento de aquel “heroico voluntario” que orgullosamente integró este “sano y transparente contingente humano” hoy desestimado, abandonado y cubierto con el desagradable manto de la ingratitud, indolencia y falta de decisión.


Los diferentes Cuarteles bomberiles con su implementación logística y técnica, parecerían haber perdido aquel calor humano y de confraternidad, que durante décadas irradió su voluntariado.

DESPLAZAMIENTO DEL VOLUNTARIADO

Interpretaciones basadas en la Resolución Nro. SNGRE00620202 del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias, parecerían haber encaminado a un progresivo y gradual desplazamiento, bajo el inconstitucional criterio de que el “voluntariado” no pertenece a la “carrera bomberil” por el hecho de “no percibir sueldo o remuneración”, fomentándose con ello, una sistemática y paulatina discriminación, anteponiendo al “bombero rentando” como única y exclusiva opción –con acciones que carecerían de eficacia jurídica ante la ineludible supremacía constitucional. Más aún, lo errado al pretender considerar al “personal administrativo” –choferes, maquinistas, oficinistas y otros- como “bomberos rentados y de carrera” por el hecho de “percibir sueldo”.

Bajo esta herejía conceptual se eliminaron las tradicionales y arraigadas “instrucciones quincenales” que permitían la constante y auto capacitación. Se suprimieron sus acogedoras e históricas “guardias” que terminaban con los exquisitos y simbólicos refrigerios -aguas caseras o café caliente ofrecidas puntualmente en su época por Don Ezequiel Gallegos y Don Luis Lata-, la publicación mensual de asistencia y puntajes que promovían la sana competencia entre el “voluntariado”; eliminándose, adicionalmente, las evaluaciones anuales basadas en la asistencia a guardias, instrucciones e incendios –con el tradicional punto extra por asistir a la madrugada- que permitían ascensos, condecoraciones y reconocimientos constituidos en inigualables estímulos.

Se terminó amordazando aquel sonoro llamado o “triple grito de alerta” que unía en sentimiento y pie de lucha al “voluntariado”. Me refiero a la histórica y ronca sirena por más de 70 años constituida en inconfundible llamado oficial de auxilio, muy similar al que hoy hace el “voluntariado” a las autoridades locales.  

Pese a ello, incomprensibles pronunciamientos han señalado que: … el personal voluntario sí es tomado en cuenta, siendo prueba de aquello el no habérseles dado de baja…; cantinflescas afirmaciones vertidas por ciudadanos que jamás vistieron la “casa roja del voluntariado” o acudieron a un incendio, rescate o auxilio en medio de la lluvia, de la noche, la intemperie o la adversidad.  


1984. Charla bomberil. Entre otros: Paúl Vásquez, José Reino, Carlos Pintado, Teodoro Maldonado, Roberto Lloret, Eduardo Suárez, Alfonso Neira, Fernando Figueroa, Claudio Galarza, Patricio Rodas, Marco Jara, Vicente Abril, José Pesántez y Pablo Carrión.

DESIGNACIÓN DEL PRÓXIMO PRIMER JEFE

A pocos meses de fenecer la actual administración institucional, resulta indispensable que las autoridades competentes nominen a su próximo “Primer Jefe”, haciendo honor y gloria a este histórico “voluntariado cuencano”, que requiere restablecerse contando con una nueva y renovada administración –voluntarios de línea, grado y antigüedad plasmada en la hoja de vida institucional– con un liderazgo cimentado en el “servicio abnegado y desinteresado” que vaya de la mano con aquella “rígida disciplina” a coexistir en todo grupo colegiado o asociado, con sujeción a ese  “respeto” concebido como la práctica que oscila de arriba abajo o de ida y vuelta, considerando que, “no solo el subordinado”, institucionalmente hablando, “es sujeto activo de orden y disciplina”. Son estas concepciones mantenidas y arraigadas por décadas, las que permitieron al “voluntariado cuencano” alcanzar, en el pasado, niveles de optimización, excelencia, camaradería y hermandad institucional, nítidamente irradiada hacia la ciudadanía cuencana y del Austro. 

LA “ÉPOCA DE ORO” INSTITUCIONAL

Vivencias propias, adelanto institucional, tecnificación, equipamiento, incremento del voluntariado y tantas otras constancias puntuales y concretas, mostrarían que la “época de oro bomberil” comprendería al período 1945-2008 tiempo en el cual, prevalecióuna profunda y sincera camaradería, hermandad y unión institucional. Cómo olvidar las festividades navideñas o de fin de año, con la elaboración de monigotes que buscaban transmitir mensajes de humanismo y solidaridad; o, las tradicionales fiestas de octubre (por el Día del Bombero -10 de octubre- y fundación institucional -12 octubre de 1945– ) con la tradicional Sesión Solemne, paseos anuales, campeonatos deportivos u otras actividades culturales, sociales.

SU PERSONAL

Cómo no recordar a Primeros Jefes como: Eduardo Malo Andrade -fundador- (1945-1948); Reinerio Casanova Intriago (1948); Vicente Tamariz Valdivieso (1949-1960-1974-1980); Jaime Maldonado Ambrosi (1960-1974); Efraín Vásquez Tálbot (1979-1993) y otros ciudadanos poseedores de aquel humanismo ajeno a falsos o egocéntricos protagonismos. De entre ese “personal sencillo y grande a la vez”, cómo no personificar al “voluntariado de línea” recordando al querido sargento Jacinto Pauta; aquel abnegado y disciplinado bomberito ambulante portador de un pequeño balde, agua y franela para refrescar, renovar y exteriorizar -día a día y con luz propia-, el amor por los suyos, la disciplina diaria y abnegación en sus actividades por más sencillas parezcan.

Entre ese “voluntariado honorífico” –contingente profesional- cómo no recordar a: José Eljuri Chica, Nicanor Merchán Bermeo, Honorato Carvallo Valdivieso, Claudio Arias Argudo, Claudio Peñaherrea Mosquera, Manuel Correa Díaz, Antonio y Roberto Lloret Bastidas, Antonio Borrero Vintimilla, Marcelo Toral Pozo y Patroneo Vásquez Vidal, entre tantos otros.


La Primera Jefatura e institución bomberil guayaquileña, mantiene rígida la estructura del voluntariado como posición digna a ser considerada por autoridades municipales e institucionales cuencanas. Contarían con una aplaudible ordenanza Municipal al respecto.

“NUESTRO LEMA ES VENCER O MORIR”

Desde su fundación institucional, cuatro integrantes han ofrendado su vida en el cumplimiento del deber: Cornelio y Vicente Tamariz Valdivieso; Adrián Gutiérrez Gutiérrez; y, Mufith Hanna Santacruz

Crnel. Cornelio Tamariz (29 años). +1 de marzo de 1949. Sufrió graves heridas por la explosión de un extintor en una práctica de adiestramiento.  

Crnel. Vicente Tamariz. +1 de diciembre de 1996. Su vehículo fue impactado al retornar de una emergencia la madrugada del 2 de abril de 1978, lo que le causó graves lesiones que perduraron hasta su muerte. 

Cabo Adrián Gutiérrez (21 años). +13 de enero de 1983. Víctima de una descarga eléctrica mientras sofocaba un incendio. La designación de su nombre en un “Cuartel” se mantiene como deuda institucional.

Cabo Mufith Hanna (27 años). +17 de abril de 2008. Víctima de una explosión mientras combatía uno de los incendios de mayor consideración en las últimas décadas Ferretería Vásquez-Brito-.

Son estos los “verdaderos héroes anónimos”, cuyos nombres perdurarán por siempre en la institución y ciudadanía cuencana, no porque así lo muestren falsos protagonismos, incoherentes reglamentos o resoluciones o antojadizas órdenes generales, ajenas por completo a una realidad institucional en cuyo seno debe reposar el desinterés personal y solidaridad.