Agradecimiento

Juan F. Castanier Muñoz

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El otro día vino a verme, a los tiempos, mi querido primo Matías Orfrenade. El motivo, contarme un incidente ocurrido hace días en la avenida Enrique Arízaga Toral, cuando entre 7 y 8 de la noche, y a unos seiscientos metros de un centro comercial, el vehículo que Matías conducía cayó en un enorme bache ubicado en el centro de la vía, de cuya consecuencia se reventó la llanta delantera derecha y, no sin dificultad, tuvo que orillarse a un costado para evaluar los daños. A poco llegó una pareja joven que se ofreció ayudar a cambiar la llanta y, minutos más tarde, tres sujetos enmascarillados que se bajaron de una doble cabina concho de vino sin placas y obligaron a Matías y a sus “ayudantes” a subirse al vehículo recién llegado y dirigirse a un cajero automático cercano para sacar 200 dólares. De por medio, dos cuchillos enormes que “facilitaron” la acción de los maleantes. Regresó al sitio del reventón, cambio de llanta y el ayudante varón que saca una caminera del bolsillo de atrás del pantalón e invita unos tres buenos bocados de trago a Matías. Una propina para los “benefactores”, el comentario sobre que se trató de una desgracia con felicidad, tanto el reventón de la llanta cuanto el asalto. Y retorno a casa.
La esposa de Matías, prima política mía, mujer de muy pocas pulgas, no le había creído una palabra a mi primo. Es más, oliéndole el aliento a trago, le mandó a la punta de un carajo y le insistió infructuosamente sobre el motivo del retraso. Matías tuvo que dormir en otra cama esa noche y al siguiente día salir de casa para solucionar el problema de la llanta y con el ofrecimiento de regresar con los papeles para la firma del divorcio. Total: 200 dólares del robo, 5 dólares de la propina y 55 dólares de la llanta nueva. Un accidente que podía ser fatal y un divorcio en ciernes. Muchas gracias al funcionario municipal responsable de que durante meses el bache del cuento siga causando accidentes a los usuarios, fomento de la delincuencia nocturna, transacciones obligadas en los cajeros, gastos que podían evitarse y furibundos líos conyugales. Para ti primo querido, mi solidaridad. (O)

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