¿Don Guillermo, al foso de los leones?

Leonar Durán

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Dícese que Darío, gobernador de Babilonia, de tanto amar a Daniel quiso que fuera líder de todo el reino.

Y como no faltan, como ahora, los celosos, algunos sabios dieron parte a su majestad de que su preferido oraba a Dios, lo cual estaba prohibido.

Quien desobedecía era arrojado al foso de los leones. Aún presumiendo que lo engañaban, Darío hizo cumplir su ley. Su amado fue arrojado para que lo devorasen los felinos. Al siguiente día él mismo lo fue a ver, y, ¡oh sorpresa!, Daniel estaba vivo. Le dijo que un ángel enviado por Dios hizo que los animales no lo tragaran.

Esto contentó a Darío. Castigó a los sabios celosos y derogó su ley.

En aquel recinto donde prima gente de todo tufo, este día unos cuantos sabios, pero del bajo mundo de la política, intentarán que don Guillermo, que no es majestad, sí apenas el presidente de una república con salida al mar, sea arrojado al foso de los leones.

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Contrario al relato bíblico, el reyezuelo de esos sabios “rabipajas”, que ruge manejando a su manada, les exige que don Guillermo sea recibido por esos leones, que a lo mucho tienen uñas largas, rulos y caninos de porcelana.

Y es posible que a tan leonezca parrillada se les unan otros de torpe melena política, presumiendo que con hacerlo tendrán oportunidad de subir al trono de la susodicha república.

Don Guillermo podría ir a ese foso, no por orar, porque de hacerlo lo hace, pues es un confeso Opus Dei, sino por haber amasado una fortuna con el dios-dinero -merced a su trabajo sentado en un banco dice él-, y haberlo enviado a otros paraísos terrenales, donde ni Adán ni Eva pagan impuestos; y, sobre todo, cuando ya había una ley que prohibía tenerlos allí si quería sentarse donde ahora está en su tercer intento. Es la emboscada perfecta.

De aprobarse el informe que dice que transgredió esa ley, don Guillermo será arrojado al foso, a ese foso donde la vergüenza y la desvergüenza son lo mismo.

Los leones le rugirán en el oído. Le sacarán trozo por trozo. Babearán con su sangre. Con su piel se limpiarán su mugre.

¿Tendrá un ángel que lo salve?

Si no lo tiene, es posible que, de haberlo, revele el pacto con sus victimarios para aprobar tributos a cambio de liberar ladrones; y con ello, en el mismo foso provocar una cruenta muerte cruzada. Sería un espectáculo sin igual. ¿Verdad? (O)