
El Jueves de Compadres es una celebración introducida en Cuenca desde el año 1726.
La tradición se atribuye a los españoles en la Edad Media. Al llegar a Hispanoamérica trajeron consigo sus costumbres.
A través de los años, esta celebración ha tenido múltiples transformaciones, y se fusionó con las tradiciones locales.
Al inicio, el Jueves de Compadres y Comadres era una festividad que iniciaba dos semanas antes de Carnaval. Los compadres recibían una “guagua”, palabra kichwa, que significa niño/a, elaborado a base de azúcar o similar a un pan. Así lo relata Isabel Calderón, artista plástica, quien actualmente mantiene viva esta tradición con la Fundación Turismo para Cuenca.
“Es similar a un bautizo. Las familias elegían a un compadre y una comadre para entregar la guagua de azúcar”, explica Calderón.
Dice que no existen imágenes o documentos que detallen la forma exacta que tenían las “guaguas” comestibles. El objetivo era estrechar los lazos de amistad, aprovechando el Carnaval.

Isabel Calderón, en coordinación con el CIDAP, intentó rescatar esta tradición en la ciudad, pero no tuvo mucha fuerza. “Al pasar los años nos fusionamos con la Fundación Turismo para Cuenca”, relata.
La celebración de dos Jueves se redujo a uno solo. “La guagua de azúcar se colocaba en un charol, junto a pétalos de rosas, agua florida, maicena, picadillo y serpentina, para entregar a los compadres”, cuenta.
Este regalo era muestra de agradecimiento por ser compadres, e iban acompañados de estos productos porque eran característicos del Carnaval en aquella época. Tiempo atrás no jugaban con agua, siendo una tradición que se introdujo con el tiempo.
“Por favor, haga cristianizar la guagua”, era la frase tradicional que se utilizaba para pedir a una persona que sea compadre o comadre de Carnaval, agrega Calderón. Además, se realizaba una gran fiesta entre amigos y se entrelazaban los lazos de amistad, pasando de amigos a compadres.
Elaboración
La Fundación Turismo para Cuenca tiene el propósito de rescatar las tradiciones, por ello entrega la bandeja con la “guagua” de azúcar a sus compadres. “Para la gente joven esto es desconocido, por ello queremos que conozcan sobre esta tradición”, asegura Calderón.
Las “guaguas” para los compadres son elaborados a base de masmelo, con relleno de manjar y nueces, siendo totalmente comestibles. Para la decoración utiliza glasé, un tipo de azúcar.

Antes de la pandemia se elaboraban cerca de 300 “guaguas”; pero actualmente es una cantidad menor. El tiempo que invierte en la elaboración es cerca de tres días, mientras se da la forma al rostro y secado. Una vez culminado inicia con la decoración, utilizando colores vivos que caracterizan el Carnaval.
Igualmente, hay ejemplares elaborados a base de porcelana fría que son entregados como recuerdos. “Yo elaboro por series, es decir, primero los rostros, luego los gorros y una vez secado se acopla la decoración”, explica. Se caracteriza por ser una réplica de una “guagua” cubierta por una bayeta (prenda de las mujeres en las comunidades indígenas).
Cada una de las “guaguas” se entregan en canastos que también son elaborados por artesanos de Cuenca. Cada año existe un cambio en la decoración, pero mantiene el concepto inicial de este producto.

Isabel Calderón también elabora para personas particulares o instituciones, bajo pedido que lo realiza en su página de Facebook que lleva su nombre. La habilidad lo tiene desde pequeña y a más de crear las “guaguas” de Carnaval también tiene su línea de cremas Alquimia, pinta cuadros en óleo y realiza vírgenes cholas, hadas y ángeles. (JRU) (I)