
El Día Mundial de la Educación Ambiental, celebrado el pasado 26 de enero, reanima el debate sobre la necesidad de una educación libre para promover el cuidado de nuestro entorno. Frente a esquemas verticales limitados a la transmisión de conocimientos, cada vez surgen más formas de convertir a los/as participantes en protagonistas de su aprendizaje. La educación deber ser un agente transformador y liberador que catalice cambios positivos en nuestra percepción y relación con la naturaleza. Por eso, para lograr resultados tangibles de conservación, la educación ambiental tiene que ser transversal, trascender las aulas y llevar a los/as participantes a espacios donde puedan reconocerse como parte del entorno, recordando que somos naturaleza. A través de estas experiencias que incluyen la exploración sensorial y el juego, los aprendizajes nutren su sensibilización sobre la importancia del cuidado de nuestro planeta. Si además ampliamos el alcance, involucrando también a un público de jóvenes y adultos, podemos lograr cambios reales en la gobernanza de áreas importantes para la biodiversidad. (O)