Discursos de odio

A medida que avanza la campaña electoral, se percibe un cambio en el tono de la conversación en el entorno digital. Este cambio, en su mayoría, obedece a decisiones estratégicas de los comandos de campañas, quienes han adoptado la conocida «campaña B». Esta es una especie de agenda paralela que emplea diversos recursos tecnológicos para difundir información no necesariamente contrastada, pero que resulta útil para generar dudas o reafirmar en el imaginario del votante ciertos encuadres ya difundidos.

En la academia y en los foros dedicados a la democracia y la política, se han debatido ampliamente los riesgos que entraña la desinformación y, de manera más específica, la tergiversación de información. Se parte de la premisa de que la democracia se basa en sociedades debidamente informadas, cuya opinión puede expresarse libremente tanto en el ámbito digital como en el tradicional. La desinformación, por ende, afecta directamente a la primera parte de esta premisa, es decir, al contenido que recibe el electorado y sobre el cual deberá tomar sus decisiones. Sin embargo, cuando la desinformación se acompaña del discurso de odio, las consecuencias para la democracia son aún más negativas.

El discurso de odio promueve una mayor polarización, inhibe la participación de la ciudadanía, excepto aquella que ya está movilizada, y contamina el entorno público digital, convirtiéndolo en un espacio tóxico y poco propicio para la deliberación democrática. Una sociedad carente de espacios de deliberación se vuelve vulnerable, apática y distante de los procesos políticos que tienen lugar. Por consiguiente, el discurso de odio acarrea consecuencias especialmente peligrosas para la calidad de la democracia.

Cuando las campañas electorales comienzan a emplear calificativos discriminatorios o de burla hacia las condiciones físicas o intelectuales de los contendientes, o bien cuando exacerban intencionadamente lapsus en ediciones de videos o imágenes que se vuelven virales en las redes, estamos tratando no solo con desinformación o tergiversación, sino también con una incitación al discurso de odio. Este tipo de comportamiento debería ser objeto de un rotundo rechazo social. (O)

CMV

Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación Social y Diplomado en Medio Impresos Experiencia como periodista y editora de suplementos. Es editora digital.

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