¿Podemos generar emociones a través del poema? Esta interrogante, tan obvia, nos remite a repensar sobre este oficio apasionante, a propósito del 21 de marzo, día dedicado en el orbe, por la UNESCO, a la poesía. En la misma línea de reflexión, cabría decir si los poemas deben ser entendidos, como tal, o al contrario su prestancia no requiere interpretación lógica. Esto, implica que su lectura va más allá de las explicaciones habituales. Por tanto, las palabras se deslizan en el poema con variedad connotativa, y asumen alteraciones y efectos semánticos que modifican la rutina.
Si bien, hay un ejercicio inicial que parte de lo conceptual, de ideas primarias que rondan para la elaboración del texto, no es menos cierto, que el acopio poético supera el entendimiento cotidiano. El significado de las palabras es alterado a través de figuras retóricas. Se decodifica el mensaje, más allá de la estructura comunicacional tradicional, ya que el poema no sólo que es un medio que transmite sensaciones, sino que conjuga el concepto de las cosas con la puesta artística del lenguaje. ¿Cómo decimos amor, sin hacer uso del término amor? ¿Cómo definimos las olas del mar en condición de versos? ¿Cómo catalogamos a la montaña, al hijo, a la desgracia en un compendio estrófico?
Entonces, llega el momento de las afecciones. El poeta se conmueve con lo que observa, con lo que percibe, con lo que mira. Hay una transposición de los hechos o aconteceres que modifican el ritmo normal del texto, que ya no es únicamente informativo, sino que alcanza los niveles eximios de la estética (o al menos pretende alcanzarlos). ¿Pero cuándo detectamos que estamos en dicho momento o circunstancia? Esto, sólo queda en el corazón y la intuición del poeta. Muy alejado del raciocinio.
Vuelvo a la pregunta que abre el artículo ¿Hay una carga de emociones en el poema? Lo afirmativo es evidente. Sin embargo, hay que también tener la certeza de que no es solo eso lo que nutre al producto lírico. Los sentires se entremezclan, se confunden, se cimentan en metáfora viva. El poema debe contener disrupción lingüística. Apropiación simbólica. Que sacuda. Que estremezca. Cuya exposición persiga una enorme fuerza textual. (O)