¿Tenía enemigos? 

Juan F. Castanier Muñoz

Frente a un asesinato, una de las primeras preguntas de los investigadores a los familiares de la víctima es si el occiso tenía o no enemigos, es decir, quién o quiénes podían tener una motivación para “matar al muerto”, y en el caso de la prohibición de portar celulares en los sitios de votación, debe aplicarse la misma fórmula. ¿A quién le importa si le dejan o no entrar al lugar en donde se consignan los votos, portando o no un teléfono móvil?, pues no debería importarle a nadie, porque no va a depender de ello el resultado electoral, pero, si hay la sospecha de que a través de tomarle una foto a la papeleta electoral se le va a sobornar al votante con equis cantidad de dinero para que marque el voto en determinado casillero, entonces la cosa cambia radicalmente y, obviamente, el que se queja es el que se siente perjudicado con la medida, o sea, los autores de la ilegalidad. ¿Quiénes son los quejumbrosos con la disposición de CNE? 

La intervención de dos asambleístas del correísmo defendiendo la “dolarización a la ecuatoriana”, ha despertado el avispero en las filas de la RC, a tal punto que la candidata González ha tenido que salir al paso descalificando las declaraciones de sus compañeras, al igual que lo han hecho otros pesos pesados de la misma tienda política. Se conoce de una sanción que las obligaría a escribir mil veces: “no volveré a hablar de la dolarización”. A este paso, los famosos “ecuadoólares” van a quedar solo para comprar encebollado, seco de pollo y bolones de verde. 

A los chats cursados entre el “ají con mote”, la “Mónica”, “el justiciero”, la “VV”, el “RG”, etc, se les recordará en el futuro, ojalá, como el chat de “los ligados” (por lo de la Liga Azul) o el Chat de la Deshonra. ¡Que bestialidad!. Los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, llamados a ser el ejemplo de la honestidad, de la transparencia, del respeto a la ley, convertidos en una gavilla de truhanes, desnudando lo más bajo de sus ambiciones y del partido cuyos intereses representan, tratándose por sus propios “alias” como se acostumbra en el submundo de la clandestinidad y las intrigas. ¡Que fiasco!  (O)

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