Es posible que ustedes, amables lectores, se extrañen de mis aplausos a una persona que no estuvo ni está en mi preferencia para presidente de Ecuador. Tengo mis razones para esta aseveración y es por esto que he decidido tratar este tema. El condumio de todo está más allá de una simple frase que, de por sí, es llamativa.
Hace ocho días mencioné que me había preparado para ver el debate. Lo vi en su totalidad y mi criterio al respecto ustedes ya lo conocen. El TSE no cumplió con su deber. Ecuador necesitaba un debate de ideas que ayudase a conocer mejor a los candidatos y sus propuestas de gobierno. De aquel fallido debate rescato una confesión, motivo de mis aplausos.
Preguntada la señora Luisa Gonzales por el presidente Noboa, si su gobierno, en caso de triunfar, reconocería al mandatario Nicolás Maduro Moros, dictador de Venezuela, como legítimo presidente de dicha nación, ella, sorprendida, contestó que SÍ.
Aquí está la fuente y razón de mis sonoros aplausos a doña Luisa porque nos dijo, con sinceridad, lucidez y entereza, qué suerte de sistema de gobierno prefería; con ese SÍ ella afirmó “sin querer queriendo” como buena, encomiable y muy digna de imitar la forma en la cual el dictador Maduro conduce a Venezuela desde 2014. Mis aplausos, entonces, a la sinceridad de una mujer que se pronunció por un sistema de gobierno para ella encomiable y digno de ser imitado, es decir, doña Luisa está de acuerdo con el sistema monetario venezolano, con las largas colas para recibir alimentos, con la privación de libertades democráticas básicas, con un presidente dictador por más de una década y mucho más. Al igual que sus mentores Maduro cree que no deben acabarse los pobres porque en ese momento los caudillos perderían la fuerza que les apoya y sostiene.
Quien aprueba la forma de gobierno de un país extranjero está reconociendo la bondad de dicho sistema; su beneplácito es una rotunda manifestación de aprecio. Entre humanos rechazamos lo nocivo y aplaudimos lo bueno, a más de imitarlo luego.
Daniel Noboa ha demostrado conocer nuestras falencias y tiene la voluntad de corregir viejos y nuevos errores. En Ecuador ha crecido el número de ciudadanos que quieren enderezar caminos, modificar leyes torcidas y trabajar por el bienestar de todos los ecuatorianos. Ecuador requiere mentes y corazones tricolores. (O)