
A la larga, ¿cuánto mismo será el costo final del sistema tranviario de transporte? ¿Hasta cuándo aguantará el subsidio municipal, si solo en 2024 sobrepasó los USD 2 millones? ¿Algún día será autosustentable? ¿Cuándo, los gastos operativos serán menores a los ingresos? ¿Cuándo, el número de viajes por día llegará al realmente proyectado?
Es más, ¿ha servido para, como se dijo en su momento, resolver el problema del transporte de pasajeros en la ciudad?
Aquellas son parte de las tantas preguntas cuyas respuestas, aun teorizándolas, hacen estremecer.
A cinco años de la puesta en operación la ruta tranviaria, nada está claro, peor consolidado como para decir sí valió la pena, como sí valió la pena los tantos sacrificios, dolores de cabeza, las pérdidas económicas colaterales, soportados durante los siete años de su construcción.
Persiste el subsidio municipal. Hagan cuanto hagan no logran alcanzar el número de viajes diarios. El sistema tranviario sigue compitiendo con el tradicional de los buses, cuando lo óptimo era la interoperabilidad del sistema de pago, cuya ejecución camina con “pies de plomo”. No se conoce gran cosa, por ejemplo, sobre el mantenimiento de los tranvías.
Y, como si eso fuera poco, las deudas millonarias arrecian tras concluir cinco demandas planteadas en contra del municipio por los diferentes consorcios contratistas. En total ascienden a USD 34 millones.
En algunos casos se ha pagado parte de semejantes deudas, más los respectivos intereses; en otro, la totalidad; en otro, acaba de firmarse un convenio de pago; con uno más, se discute el plan de pago. Y la lista sigue. La Municipalidad ha perdido todos los litigios; y como si nada hubiera pasado.
Si en el corto plazo el sistema tranviario no consigue ser autosustentable, sería un fracaso administrativo, técnico y económico. El municipio seguirá subsidiándolo, como también lo hace parcialmente a las empresas de buses urbanos. No faltarán, como ahora, los justificativos.