Épocas orgánicas y críticas (I)

No hay razón para perder el aliento ante la situación que atraviesan muchas instituciones del país, particularmente las relacionadas con la educación y la salud. Entre ellas se encuentra la Universidad, llamada en otros tiempos a orientar y contribuir a la solución de las crisis sociales. Hoy se habla insistentemente de una época crítica, sin advertir que la historia de la humanidad ha transitado siempre por escenarios de caos antes de alcanzar nuevas formas de armonía.

Al reflexionar sobre esta realidad, vale recordar la afirmación del pensador francés Claude Henri de Saint-Simon, precursor del socialismo, economista y profesor universitario para más creer, sostenía que el progreso histórico se mueve entre “épocas orgánicas” y “épocas críticas”. Con él aparece una de las primeras concepciones de la crisis como ruptura, desequilibrio o transición entre dos órdenes distintos.

La época orgánica es aquella que descansa sobre un sistema de creencias y valores ampliamente compartidos. La sociedad se desarrolla dentro de un marco relativamente estable y progresa conforme a las reglas establecidas. Sin embargo, llega un momento en que ese orden comienza a transformarse: surgen nuevas ideas, cambian las prioridades y se produce una mutación profunda. Es entonces cuando aparece la crisis y se inaugura la época crítica.

Este fenómeno se manifiesta también en nuestras sociedades, especialmente en ámbitos tan sensibles como la educación y la salud. Hubo tiempos en que estas instituciones gozaban de una mayor organicidad y las universidades constituían referentes intelectuales y morales capaces de orientar el rumbo de la colectividad. Eran vistas como motores del progreso, espacios donde se formaban los ciudadanos y profesionales llamados a construir una sociedad mejor.

Hoy, sin embargo, la realidad parece distinta. Muchos perciben que la academia atraviesa una etapa de confusión y desorientación. En algunos casos, la educación superior ha sido absorbida por una lógica mercantil que privilegia la rentabilidad sobre la formación integral. Como ocurre en la política, ciertos grupos alcanzan posiciones de poder y convierten las instituciones en espacios de influencia y beneficio para allegados y seguidores, multiplicando programas y ofertas académicas sin una adecuada correspondencia con las necesidades reales de la sociedad.

La proliferación de títulos, diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados parece no tener límites. Cada año se incorporan miles de profesionales al mercado laboral, pero las oportunidades de empleo no crecen al mismo ritmo. Muchos graduados descubren que los conocimientos adquiridos no encuentran aplicación en el mundo del trabajo y terminan desempeñando actividades alejadas de la formación por la que invirtieron tiempo, esfuerzo y considerables recursos económicos. (O)

Dr. Edgar Pesántez

Dr. Edgar Pesántez

Médico-Cirujano. Licenciatura en Ciencias de la Información y Comunicación Social y en Lengua y Literatura. Maestría en Educomunicación y Estudios Culturales y doctorado en Estudios Latinoamericanos.