Silenciar las voces críticas

Cómo saber si un Presidente de la República, cuando descansa, cuando le ataca el insomnio, cuando se sienta a reflexionar en soledad, se pone a discernir lo que le dicen sus críticos y opositores.
Cómo saber si su círculo cercano le sugiere rectificar, a callar cuando debe hacerlo, a hablar cuando corresponda, a sopesar los llamados de atención sin importar su origen, a convocar al diálogo si es necesario para evaluar mejor la capacidad de escucha, sobre todo a respetar, así no le guste o considere que no tienen la razón, a quienes le critican, le fiscalizan, le exigen respetar, por ejemplo, las libertades.
Si alguien porque conoce, analiza lo que ocurre, porque piensa diferente al poder, y lo dice, lo menos que puede esperar es que se respete su posición, su pensamiento, su interpretación de la realidad nacional.
En estos días, aunque la mayor parte del Ecuador permanece timorato, cada cual defendiendo su parcela, sus negocios, sus contratos, vuelve a ponerse en tela de juicio la libertad de criticar, de opinar, de hacerle ver al poder que está sembrado el miedo en la sociedad, que está subyugando a la prensa crítica e investigativa, ya en proceso de extinción.
Palabras más, palabras menos, eso fue lo que, a título personal, dijo la presidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias de Pichincha, María Paz Jervis, por los 90 años de fundación de este gremio.
Aquel es el sentir de muchos ecuatorianos, de varios gremios, solo que estos, como la Academia, prefieren el silencio para no tener problemas, para no tener encima la fuerza del Estado, cuando, en otros tiempos, se fajaron ante el pisoteo a la libertad de prensa, de expresión.
Cualquier estadista, demócrata a toda prueba, hubiera tomado nota de las expresiones de Jervis para reflexionar, rectificar.
Horas después de levantar su voz, la líder empresarial renunció, ¿por presiones de quién? ¿De los agremiados a la CIP? Otra voz silenciada.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO