El cafecito es una bebida presente en nuestras vidas desde la niñez. Los domingos en la tarde cobraba mayor protagonismo en la casa de la abuela, lugar donde la chuspa dejaba filtrar la tintura para el aguita o la leche. Dulzón porque así lo hacían las abuelas, lo disfrutábamos con pan recien salido de las latas. Otras veces con humitas, tamales o quimbolos. Ycon el pasar del tiempo con tigrillo, muchines de yuca, empanadas, patacones e infinidad de opciones.
El café un grano pequeño de color verdoso que al calor del fogón se torna obscuro tiene la magia de acompañarnos en situaciones claves de la vida: a la espera de un nacimiento, en el velorio de un ser amado, en el cierre de negocios, en la víspera del examen final, en la primera cita de amor y tiempo después, previo a la firma del divorcio.
El 1 de octubre se celebra el día internacional del café y esta celebración surgió de la necesidad de exaltar y felicitar a los productores y agricultores del mundo. Ellos y ellas dedican su vida y conocimiento para darnos café en distintas texturas, aromas y calidades.
Crecimos y con los años amamos esta bebida que esta presente al inicio de la jornada y al final de la misma como un hermoso ritual. Y por qué no, una tacita a media mañana o tarde ya sea caliente o fría.
En definitiva, el café es parte de nuestra gastronomía y se lo disfruta por el simple placer de sentir su sabor. Gracias a Dios, su oferta es tan amplia que esta al alcance de todo tipo de economía. Entiéndase que los más exquisitos son los de ediciones especiales, que vale la pena probarlos en viajes nacionales como internacionales. Un sorbito nos devuelve emociones, vivencias y eso, no tiene precio.
Amo tomar un café mientras leo un libro, empiezo una nueva aventura literaria o siento la textura de Diario El Mercurio al iniciar mi día. Noticias, información, tradición y placer en un solo acto: leer el diario de la región austral que cumple en este mes 102 años.
Felicidades y salud con una tacita de café. (O)










