A través de redes sociales, donde todo está permitido, hasta para que los habitantes de “Pendejolandia” hablen, “analicen”, informen, desinformen, entrevisten, comenten, censuren, investiguen, hagan de “encuestólogos” y hasta condenen por adelantado; o exijan la expulsión de extranjeros nacionalizados, por considerarlos revoltosos y de atentar contra la majestad del poder, como si no tuvieran derecho a expresarse, los aspirantes a conseguir pasantías durante cuatro años en alcaldías y prefecturas ya ofrecen las mil y una maravillas, el desarrollo de ciudades y provincias bien empaquetado, sin fecha de caducidad ni costos adicionales.
En Cuenca, a partir de mayo de 2027, siempre que a algún “pendejómano” no se le ocurra adelantar la posesión de los pasantes ganadores, ya se verá cómo el caos vehicular desaparecerá con solo rezar el santo Rosario, o abriendo el tráfico en calles unidireccionales, o poniendo a volar “chivas” y “gusanitos”.
La basura que los sucios echan a calles, parques y plazas será recogida con drones; los informales, que ahora abundan como azúcar en tiempos de Corpus Cristi, o serán despedidos o reubicados en lugares inimaginables, tanto que sectores como la Nueve, la Diez, la Feria Libre, el Calderón, el San Sebas, el San Blas, serán la envidia de los Campos Elíseos.
La Cuenca patrimonial ya no olerá a popó canino, ni será necesario que a cada rato se reactive el Quinto Río para seguir insistiendo en que se queme la concesión minera en Quimsacocha, porque hasta el oficialista jura y rejura diciendo que es preferible la muerte que el oro.
Si de seguridad se trata, tal como meten y prometen los aspirantes a sentarse en el sillón de la subrogante, ahora nada menos que doctora Honoris Causa por ni si qué sacrosantos servicios, y otorgado por una universidad del país donde se cura el subrogado, Cuenca será más segura que la plaza San Pedro o el Capitolio, con tan solo aplicar sus planes avalados por la guardia que cuida las fronteras del cielo.
Ya para qué esos 15 días de campaña oficial, si casi todo está ofrecido, prometido y bendecido, como también lo hacen los aspirantes a la beca para prefecto, cargo desde el cual sembrarán geoceldas en las vías rurales sobre las cuales lloverá asfalto; succionarán todos los manantiales para regar aun los eriales; o coparán de IA la provincia porque basta con la tecnología para convertir al Azuay en la octava maravilla del mundo, sin que para nada importe su “pilche” presupuesto.
El problema es que habiendo tantos candidatos, tantas promesas dignas de entregarlas a Moisés cual si fueran mandamientos divinos, no haya por quién votar. (O)







