El Azuay actualiza la información arqueológica, ambiental y cultural del Qhapaq Ñan, la red vial construida y utilizada por las sociedades andinas que atraviesa seis países de Sudamérica: Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
El proceso forma parte de los compromisos de conservación de este sistema, inscrito en 2014 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Encuentro sobre el Qhapaq Ñan en Cuenca
“Qhapaq Ñan y Cruz del Sur: Encuentro Internacional para la Conservación, Gobernanza y Desarrollo de los Territorios Andinos”, reúne a representantes de los seis países participantes para intercambiar experiencias y definir acuerdos de gestión
Jennifer Guzmán Palacios, directora de Culturas, Patrimonio y Recreación de la Prefectura del Azuay, señaló que el evento realizado el 14, 15, y 16 de octubre de 2026, concluirá con una visita a Paredones de Molleturo y la presentación de un manifiesto para dar continuidad al trabajo conjunto.
«El encuentro está enmarcado en el ejercicio de la Secretaría Pro Tempore del Qhapaq Ñan durante el período 2025–2027 que tiene la prefecta Alexandra Quintanilla. Aquello nos une como institución para la puesta en valor y conservación con la secretarías técnicas de los seis países», indicó.
“La iniciativa busca establecer las condiciones de conservación de los caminos y sitios asociados, así como las acciones necesarias para protegerlos».
El trabajo abarca componentes arqueológicos, biológicos, geológicos, turísticos y antropológicos, con participación de instituciones públicas, academia y comunidades.
Cuatro fases de estudio en el Qhapaq Ñan
Juan Pablo Vargas, arqueólogo, explicó que la primera fase se concentra en dos de los cuatro ejes identificados en la provincia: el que conecta Tomebamba con Puerto de Bola, hacia la Costa, y el que se dirige al sur, en dirección a Perú.
El levantamiento registra trazados, sitios arqueológicos, paisajes culturales, especies de flora y fauna, además de relatos, leyendas, costumbres y conocimientos transmitidos entre generaciones.
La cooperación técnica no reembolsable de la CAF financia esta etapa con 75.000 dólares.
La Prefectura del Azuay aportará otros 60.000 dólares para continuar los estudios en los dos ejes restantes: el que conecta con Ingapirca, en Cañar, y el que se dirige hacia la Amazonía, hasta Chobshi.
Los resultados de la primera fase se esperan para diciembre de 2026; la segunda etapa tendrá una ejecución aproximada de seis meses.
“Entre los productos del levantamiento constan modelos digitales tridimensionales de sitios como Paredones de Molleturo y una plataforma con información sobre el patrimonio arqueológico y natural”, explicó.
La Prefectura prevé publicar estos contenidos en el sitio web del proyecto hasta noviembre, con recursos digitales para acercar esa información a niños y adultos.
En paralelo, trabaja con la Universidad Nacional de Educación (UNAE) en una guía sobre plantas, usos tradicionales y saberes de Molleturo.
La propuesta se encuentra en fase piloto en escuelas y colegios de la parroquia.

Turismo comunitario
La conservación también plantea la participación de las poblaciones.
Ruth Elena Chuñir, representante de San Pedro de Yumate, en Molleturo, trabaja desde hace dos años con la comunidad y la Universidad del Azuay en dos propuestas: un centro de información turística con participación de guías locales y la Ruta Arqueológica Guamaní de Paredones.
“La ruta contempla visitas guiadas al sitio arqueológico, granjas agroecológicas y emprendimientos, entre ellos productores de vino artesanal y café», indicó.
La intención es vincular a las familias con la actividad turística y evitar que las visitas se limiten al recorrido por las ruinas”.
Chuñir señala que actualmente llegan visitantes mediante operadoras turísticas de Cuenca, pero la población local no participa de manera suficiente en esas actividades.
La propuesta incluye baños, restaurante y estacionamiento, además de medidas para regular la afluencia de turistas y proteger el sitio arqueológico.
San Pedro de Yumate tiene alrededor de 150 familias, muchas vinculadas a la agricultura y la crianza de animales.
La migración de jóvenes y familias completas ha reducido la población, por lo que la comunidad busca generar fuentes de trabajo en el territorio.
Recursos económicos
Alejandra Aramayo, representante de la Secretaría Pro Témpore del Qhapaq Ñan y funcionaria del área de Turismo Sostenible y Culturas del Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano, señala que la protección del camino exige coordinación entre instituciones nacionales, gobiernos departamentales, municipios y comunidades.
En Bolivia, el ingreso a determinados espacios vinculados al camino requiere solicitar permiso a las comunidades.
También se debe considerar las prácticas culturales y los conocimientos tradicionales, además de las estructuras físicas.
Aramayo identifica la falta de recursos económicos y la limitada valoración de la cultura como obstáculos para mantener una conservación permanente.
“El tema cultural a veces se ve como algo superfluo. Pero es nuestra identidad”, señaló.
La cultura no es solo un bien para disfrutar, sino también un patrimonio que tenemos el deber y la responsabilidad de preservar».
La gestión turística requiere planes que establezcan cómo registrar y proteger los sitios patrimoniales, regular las visitas y fijar límites de afluencia.
El objetivo es evitar que el turismo deteriore los espacios a fin de preservar su valor para las futuras generaciones. (I)
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