Hace dos años escribí un artículo en este diario sobre el desplazamiento de las mariposas monarca y su épico viaje. Hoy siento ese llamado y vuelvo a ellas para reflexionar sobre nuestros propios desplazamientos, las despedidas y la esperanza que nos impulsa a seguir nuevos caminos.
Cada otoño, millones de monarcas viajan desde Canadá y Estados Unidos hacia los bosques del centro de México. Su llegada coincide con el Día de Muertos y, en algunas tradiciones locales, evoca el regreso de las almas queridas. Sus alas; enlazan naturaleza, memoria y espiritualidad.
En estas fechas, Halloween también nos invita a reflexionar sobre el viaje de la vida hacia la muerte. Aunque con una raíz distinta, comparte la presencia simbólica de quienes han partido. Y entre máscaras, flores y ofrendas, damos forma a lo desconocido y buscamos mantener cerca a quienes amamos.
También pienso en la migración humana y como desde tiempos ancestrales nos desplazamos buscando alimento, abrigo, seguridad y nuevas oportunidades. Unos parten por elección; otros, porque quedarse resulta imposible. Todos llevan recuerdos y la esperanza de encontrar dónde volver a echar raíces.
Las culturas también viajan: cruzan fronteras en sus comidas, sus relatos y sus celebraciones. Halloween y el Día de Muertos muestran cómo las tradiciones encuentran nuevos hogares y se transforman al convivir unas con otras.
Reconocer, el aspecto multidimensional de la migración, como parte de nuestra existencia exige recibir con humanidad a quien llega y despedir con respeto a los que parten. Detrás de cada migrante hay una historia, afectos y una dignidad que ninguna frontera debería borrar.
Las monarcas me recuerdan que vivir implica movimiento y transformación. Quizás allí habite lo sagrado de nuestro viaje en la vida y en la muerte. (O)










