A orillas del fronterizo río Mamoré, decenas de viajantes suben y bajan de lanchas sin detenerse en el control migratorio de Guayaramerín, una de las puertas de entrada de las mafias brasileñas que expanden su violencia por Bolivia. "Nunca nadie revisa" a los pasajeros, dice Donald Somoza, un albañil retirado de 75 años, en las …











