Había pasado algún tiempo desde que se quedó solo. Y sí, al comienzo fue duro: acostumbrarse al silencio, reaprender el arte de la soledad, aprender los nuevos hábitos y las rutinas de esta realidad que él mismo había escogido. Y si bien casi toda su vida había transcurrido sin hermanos ni parientes cotidianos, siempre se las arregló para mantenerse ocupado. Los queridos viejos, los amigos, los estudios, el trabajo, la política, los amores… Por eso, todo esto le resultaba nuevo, pues nunca antes había estado solo, quiero decir, realmente solo, y esa era una asignatura pendiente.
Ciertamente, aquello de la soledad no le disgustaba. Lo disfrutaba; le daba tiempo para repasar la vieja biblioteca del abuelo y para escribir un poco. Pero esta vez era diferente. El problema no era la soledad; esa era una vieja amiga que ya se había sentado muchas veces en su mesa. No, el problema era que esta vez había un espacio vacío, uno que antes había ocupado su pequeña. Y si bien aún la veía con frecuencia, no lograba reconciliarse con su ausencia, porque una cosa es estar solo y otra, ser solitario. Y este pensamiento sombrío había comenzado a robarle la paz, sobre todo por las noches, cuando llegaba a casa y la encontraba vacía, vacía de ella. Había que hacer algo con las noches; era cuestión de vida o muerte.
Entonces sonó el teléfono. Número desconocido. Contestó de casualidad, y entonces vino la propuesta improbable, impensable. Una oportunidad que había descartado hace tiempo porque implicaba zambullirse en el mundo de la bohemia y la literatura, cuando una pequeña esperaba en casa. Y hoy, en el momento preciso, volvía a llamar, puntual, a la puerta.
Quien creyera en supersticiones lo habría calificado de milagro. Pero él no creía en santos ni en figuritas, aunque algo había de cierto: el universo había conspirado nuevamente a su favor y allí venía la vida al rescate para recordarle que el amor siempre vuelve al encuentro de los suyos. Por eso, no pudo evitar sonreír por un momento y pensar que lo verdaderamente maravilloso de los milagros, es que a veces, solamente a veces, suceden… (O)
@andresugaldev





