El mundo de los incas
Los incas, a través de su ideología, crearon un mundo mágico inspirado en un mundo espiritual. Los monarcas fallecidos, los gobernantes de la soberanía real y los sacrificios humanos sirvieron de mediadores con el mundo sobrenatural, con ese mundo misterioso e ignoto.
Los soberanos, después de su muerte, cobraban otra vida en el mundo de los muertos: traían el mensaje de sus dioses y llevaban la plegaria de su pueblo. Así, el espíritu de sus gobernantes no los abandonó nunca. Las momias reales, «los bultos», ocupaban un asiento permanente entre el mundo de los vivos.
La práctica religiosa explicó la ideología inca, pero, más todavía, su contacto con el cosmos, con los dioses y su interrelación con el espíritu de la tierra. Ellos mostraron una especial atención a esos poderes sobrenaturales a través de sus plegarias.
La profunda cosmovisión de los incas se constituía en un estatus de sabiduría; por eso, este conocimiento les permitió explorar una serie de señales que traían bienestar para su pueblo del Tahuantinsuyo. Los incas conocieron que el cielo estaba repleto de mensajes y de dioses que auguraban el futuro. Tras las celebraciones de las festividades religiosas, confirmaban su conocimiento según los presagios del cielo. Su práctica religiosa giraba alrededor de las deidades.
Al llegar los españoles a tierras incaicas, enseguida se dieron cuenta de su culto al Sol y no pudieron entender la complejidad de sus creencias religiosas. Los primeros sacerdotes católicos trataron «de reconciliar los mitos de la creación andina con la teología cristiana», ya que el culto al Sol fue fundamental en la religión oficial inca y las demás deidades estaban por debajo de él.
Las observaciones solares les dieron una supremacía cosmológica; por eso, en manos de la realeza inca estaba el conocimiento sagrado para lograr el bienestar del mundo.
El soberano inca fue hijo directo del creador, su padre, el Sol. Los incas dedicaron gran cantidad de recursos y sacrificios para adorar a su dios, el Sol.
Sullivan narra que, en torno al año 650, ocurrió algo extraño: fue el momento en que Viracocha «abandonó la tierra», ya que en esta época se dio la edad de los guerreros y fue cuando Júpiter estuvo situado a distancia de Saturno, y ante el calor de Marte, época en la que hubo derramamiento de sangre. Este desequilibrio cósmico fue percibido por los incas y produjo una profunda transformación. Así, el cataclismo mítico marcó la partida del dios Viracocha. Asociaron a su dios del cielo con su dios de la tierra y con su propio destino. (O)




