Para que un fruto esté a punto, dulce y apetitoso y pueda ser desprendido de la rama tambaleante, tiene que seguir una ruta impuesta e insoslayable. Enterrar la semilla en tierra fértil y olorosa, regarla con gotas de rocío y esperar que el árbol crezca solemne y recio, para que y recién, los brotes fructifiquen. …



