El 47 % de los casos de epilepsia analizados en 12 hospitales de Latinoamérica se relaciona con alteraciones estructurales del cerebro, mientras que en el 35 % no se pudo determinar la causa.
Estos son algunos de los resultados de un estudio multicéntrico publicado en la revista científica Seizure: European Journal of Epilepsy, en el que participó el neurólogo cuencano Arturo Carpio Rodas.
La investigación analizó los registros de 3.033 pacientes de 16 años o más, atendidos entre 2019 y 2023 en hospitales de siete países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Uruguay.
El trabajo aporta datos sobre las causas de la epilepsia en la región, donde la información científica propia ha sido limitada.
Carpio, profesor emérito de la Universidad de Cuenca y neurólogo del Hospital Santa Inés, participó en esta investigación como parte de una red de colaboración científica latinoamericana integrada por 36 investigadores.
Para Carpio, disponer de información propia permite comprender mejor las necesidades de salud de la región y orientar nuevas investigaciones y medidas de prevención.
Una línea de investigación que comenzó en Cuenca
La trayectoria de Carpio en este campo se remonta a su formación de posgrado en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México.
Tras regresar a Ecuador en 1982, se incorporó a la Universidad de Cuenca y al Hospital Vicente Corral Moscoso, donde contribuyó al desarrollo de la neurología.
Uno de sus campos de investigación fue la neurocisticercosis, una infección parasitaria que puede provocar lesiones cerebrales y crisis epilépticas.
En aquella época, las limitaciones tecnológicas dificultaban el diagnóstico.
La incorporación de la tomografía cerebral, cuya adquisición gestionó en Cuenca permitió identificar lesiones que antes eran difíciles de observar.
La relación entre neurocisticercosis y epilepsia abrió una línea de investigación sobre enfermedades vinculadas con las condiciones sanitarias y sociales.
Uno de los estudios epidemiológicos del equipo, realizado en Cumbe, registró una prevalencia de epilepsia de 17 casos por cada 1.000 habitantes, equivalente al 1,7 %.
La publicación de esos primeros resultados en revistas internacionales fue difícil.
Un cambio se produjo en 1993, durante una estancia académica en la Universidad de Columbia, en Nueva York.
Carpio presentó sus datos a investigadores de esa institución, quienes contribuyeron a mejorar el análisis estadístico y el artículo fue aceptado para publicación.
Esa colaboración facilitó el acceso a redes científicas internacionales y abrió nuevas oportunidades para investigar la epilepsia desde Ecuador.
¿Qué causa la epilepsia en la Latinoamérica?
El estudio hizo una clasificación de acuerdo con los criterios de la Liga Internacional contra la Epilepsia.
Las alteraciones estructurales del cerebro fueron las más frecuentes, con el 47 % de los casos.
Se trata de lesiones o cambios en la estructura cerebral que pueden provocar crisis epilépticas.
Dentro de este grupo, se identificaron las siguientes causas:
- Esclerosis hipocampal: 25,8 %.
- Malformaciones del desarrollo cortical: 24,8 %.
- Accidentes cerebrovasculares: 18,6 %.
- Tumores cerebrales: 18 %.
- Lesiones traumáticas: 12,8 %.
Las causas genéticas representaron el 10,5 %.
“Esto no significa necesariamente que la enfermedad se haya heredado de los padres. Puede existir una alteración genética que afecte el funcionamiento de las neuronas y sus conexiones, favoreciendo una actividad eléctrica anormal en el cerebro”, explicó el experto.
Las causas infecciosas alcanzaron el 5,4 %.
Dentro de esta categoría, la neurocisticercosis fue la más frecuente, seguida de las meningoencefalitis bacterianas y virales, la toxoplasmosis y la meningitis tuberculosa.
La neurocisticercosis representó el 41,6 % de las causas infecciosas, pero el 2,3 % del total de pacientes estudiados.
Las causas inmunitarias representaron el 1 %; las metabólicas o tóxicas, el 0,8 %; y las neurodegenerativas, el 0,3 %.
En el 35 % de los casos no se pudo determinar la etiología, es decir, el origen de la epilepsia.
Saneamiento, accidentes y envejecimiento
El envejecimiento de la población plantea nuevos retos para la atención de la epilepsia.
Los accidentes cerebrovasculares, tanto los infartos como las hemorragias cerebrales, pueden dejar lesiones capaces de desencadenar crisis epilépticas.
Con el aumento de la esperanza de vida, crece la importancia de prevenir y tratar los factores de riesgo vascular, entre ellos la hipertensión arterial.
Los traumatismos craneales, incluidos los derivados de accidentes de tránsito, también pueden provocar lesiones cerebrales que desencadenen epilepsia.
Reducir los siniestros y mejorar la atención de ese tipo de lesiones puede contribuir a prevenir algunos casos.
Carpio relaciona la presencia de causas infecciosas con las condiciones sanitarias.
La neurocisticercosis, por ejemplo, está vinculada con la transmisión de Taenia solium, un parásito cuyo ciclo puede verse favorecido por deficiencias de saneamiento y condiciones inadecuadas de crianza porcina.
La infección que produce cisticercosis ocurre cuando una persona ingiere huevos del parásito presentes en alimentos o agua contaminados con materia fecal.
Las larvas pueden alojarse en el cerebro y causar lesiones.
“La prevención requiere agua segura, eliminación adecuada de excretas, higiene alimentaria y control sanitario de la crianza de cerdos”, indicó el experto.
La epilepsia puede aparecer a cualquier edad
La epilepsia puede presentarse en cualquier etapa de la vida, aunque las causas varían con la edad.
- En la infancia pueden intervenir alteraciones del desarrollo cerebral y complicaciones alrededor del nacimiento.
- En los adultos mayores adquieren más peso las lesiones vasculares y otras enfermedades neurológicas.
En la investigación, el 70,4 % de los pacientes había desarrollado epilepsia entre los 16 y los 64 años.
El estudio incluyó personas con epilepsia activa, definida por la presencia de crisis en los cinco años anteriores o el uso de medicamentos anticrisis.
Tratamiento y diagnóstico especializado
La epilepsia puede controlarse con medicamentos anticrisis y, en determinados pacientes, las crisis pueden desaparecer durante periodos prolongados.
Carpio estima que alrededor del 70 % de sus pacientes puede alcanzar la curación después de tres o cuatro años de tratamiento con un solo medicamento, siempre que siga la terapia y cuente con supervisión de un neurólogo.
Otro 20 % requiere más años de tratamiento y, en ocasiones, una combinación de dos fármacos; estos pacientes también pueden curarse, aunque el proceso puede extenderse entre 10 y 15 años.
El 10 % restante no logra controlar las crisis con los medicamentos disponibles y puede necesitar tratamiento de por vida para reducir su frecuencia.
Carpio advierte que la epilepsia puede llegar a ser incapacitante cuando las crisis no se controlan.
Puede afectar la asistencia a clases, la continuidad de los estudios, la actividad laboral y la autonomía.
En el embarazo, algunos medicamentos anticrisis pueden aumentar el riesgo de malformaciones congénitas, por lo que la elección del tratamiento requiere valoración médica especializada.
“Si bien la epilepsia no está catalogada como una enfermedad catastrófica, puede llegar a ser incapacitante si no se trata adecuadamente. Ese 10 % de pacientes que no logra controlar las crisis puede ver afectada su vida cotidiana».
La posibilidad de retirar la medicación depende del tipo de epilepsia, su causa y la evolución clínica.
La decisión corresponde al especialista: suspender el tratamiento sin supervisión puede provocar nuevas crisis.
El neurólogo también advierte sobre las ofertas que prometen curar la epilepsia mediante procedimientos sin evidencia científica suficiente, como supuestas terapias con ondas cerebrales o células madre.
Recomienda acudir a profesionales acreditados y comprobar que los tratamientos propuestos cuenten con evidencia clínica.
Datos propios para orientar nuevas investigaciones
El estudio publicado forma parte de una colaboración regional que desarrolla proyectos sobre epilepsia y neurocisticercosis.
Carpio suma 158 publicaciones científicas, más de 70 de ellas en revistas indexadas.
Las citas recibidas por sus trabajos permiten medir hasta qué punto otros investigadores utilizan esos resultados como referencia.
Para el neurólogo, uno de los aportes centrales consiste en generar evidencia sobre la población ecuatoriana y latinoamericana, en lugar de trasladar automáticamente conclusiones obtenidas en otros contextos.
Los resultados ofrecen una base para formular nuevas preguntas sobre las causas de la epilepsia en la región.
También muestran la necesidad de fortalecer los diagnósticos especializados y la investigación epidemiológica, clínica y genética, áreas cuyo desarrollo depende de recursos, infraestructura y cooperación científica. (I)
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