Que la justicia haga lo que tenga que hacer es lo que único sensato que cabe dentro del proceso que se sigue en contra de Cristian Zamora, alcalde de Cuenca, suspendido durante seis meses.
Eso será posible siempre que la justicia actué alejada de presiones de toda naturaleza.
La Fiscalía lo investiga por supuesto enriquecimiento ilícito, una presunción que, según aclara, corresponde a su actividad económica antes de ser alcalde; pero que sus rivales políticos, también sus malquerientes, aseguran que es durante el ejercicio del cargo.
El Ministerio Fiscal, luego que Zamora no compareció a la audiencia de formulación de cargos, pidió al juez disponga su detención para cumplir con esa fase del proceso.
La autoridad suspendida está en México, país al cual viajó por cuestiones de salud, desde donde está dispuesto a comparecer vía telemática para dar su testimonio desvirtuar la acusación fiscal.
En ese contexto debe obrar la justicia. En su fuero interno, la fiscal y el juez sabrán dilucidar si sus actuaciones se ciñen a este marco.
La primera deberá demostrar que sus elementos de convicción son suficientes para que Cristian Zamora sea llamado a juicio; pero todo dependerá de la valoración que de las pruebas haga el juez.
Hasta tanto, él es inocente. Y lo será hasta que el juez, o dispone el archivo del caso o lo sentencia.
Empero, pocos dudarán de que la justicia, especialmente en tiempos electorales, está respondiendo a otros fines.
A la ciudadanía le corresponde dilucidar si eso es así y, por lo tanto, sacar sus propias conclusiones.
Él, en la medida de lo posible, debe volver a la ciudad para, con la verdad que dice tener, defenderse, no solo de la acusación fiscal sino de todos sus adversarios que, aprovechando las redes sociales y hasta el anonimato, no solo que lo han juzgado, también sentenciado, deshonrándolo hasta la saciedad.











