Lluvias intensas, inusuales en septiembre de otras épocas, son señales evidentes de que el fenómeno climático El Niño ya se estrena en el Ecuador.
Fue prevenido con anticipación. Dio tiempo suficiente para que las instituciones públicas, las mismas poblaciones que se verían afectadas, hagan lo que tengan que hacer, no para evitarlo, sí para enfrentar sus consecuencias, por ejemplo, en la agricultura, vialidad, en especial en los caminos de la ruralidad; en la salud, en el área social para implementar albergues ante potenciales evacuaciones de cientos de familias.
Empero, el título de El Mercurio en su edición de este lunes 28 de septiembre genera interrogantes: “Comunidades de Molleturo reclaman plan de prevención ante lluvias”.
Igual ocurre en el cantón Camilo Ponce Enríquez. En ambas jurisdicciones se produjeron lluvias que duraron varias horas, causando la crecida de ríos y quebradas.
Esos afluentes se desbordan, inundan cultivos, dañan vías y caminos, además de acrecentar la preocupación cuando, tal como está pronosticado, El Niño se desate del todo y termine cuando deba terminar.
Quienes habitan en esas zonas, agricultores por lo general, exigen mantenimiento vial. Los de Molleturo, la “conformación urgente” de una mesa de trabajo entre el GAD parroquial, la Municipalidad de Cuenca y la Prefectura.
En el caso particular del Azuay, áreas rurales de los cantones Cuenca, Pucará, Santa Isabel, Ponce Enríquez, en épocas de El Niño, son las que más sufren sus estragos.
Y no siempre han sido atendidas por los poderes locales. Meses atrás les pidieron presentar planes de contingencia. No todos lo cumplieron; pero, si lo hicieron, de qué vale si no hay recursos suficientes, poder de decisión y de liderazgo hasta para movilizar a las comunidades para que sean parte de la solución.
Si ni bien asoma El Niño ya comienzan los reclamos, qué se puede esperar en lo posterior.







