En la historia de los Mundiales, existen actuaciones individuales que quedan grabadas por encima de los resultados. Una de las más recordadas ocurrió en los cuartos de final de Alemania 2006, cuando Zinedine Zidane dio una verdadera lección de fútbol en el partido entre Francia y Brasil.
Aquel 1 de julio, el mundo esperaba ver el brillo de las estrellas brasileñas como Ronaldinho, Kaká o Ronaldo. Sin embargo, fue el «10» de Francia quien, a sus 34 años y a pocos días de retirarse profesionalmente, dominó el campo de principio a fin.
¿Por qué fue una actuación histórica?
Lo que hizo Zidane aquel día no se limitó a las estadísticas, sino a la elegancia y el control del juego. Estas son las claves de aquel encuentro:
- Dominio total: A pesar de estar rodeado por los mejores jugadores del mundo, Zidane mantuvo la posesión del balón con una calma asombrosa, realizando regates y pases que parecían imposibles.
- La asistencia decisiva: De sus botas salió el centro preciso que permitió a Thierry Henry marcar el único gol del partido (1-0), eliminando a la entonces campeona del mundo.
- El respeto del rival: Al terminar el encuentro, los propios jugadores brasileños reconocieron que habían sido superados por el talento del francés.
Un legado que perdura
Para muchos expertos y aficionados, ese partido fue la «obra maestra» final de Zidane. Representó el equilibrio perfecto entre la técnica individual y el liderazgo dentro de un equipo. Aunque Francia no ganó la final de ese año, la actuación de «Zizou» contra Brasil se enseña hoy como el ejemplo máximo de cómo un solo jugador puede dictar el ritmo de un partido de alto nivel.
Incluso años después, las imágenes de sus controles de balón y sus giros sobre el césped siguen sumando millones de reproducciones, recordando a las nuevas generaciones que, en el fútbol, la clase no tiene fecha de caducidad.




