En las primeras décadas del siglo XIX, en Europa existían pequeños establecimientos dedicados exclusivamente a vender un único producto. La clase alta solía realizar sus adquisiciones en el propio domicilio hasta donde se desplazaban los comerciantes que habían sido requeridos previamente o sastres y modistas que tomaban nota de sus encargos.
A mediados del siglo XIX, tanto la burguesía europea como la norteamericana quería tener acceso a pequeños o grandes lujos que hasta entonces habían estado vedados.
Para atender esta demanda, surgieron en ciudades como Paris algunas galerías abiertas en el interior de edificios con tiendas llamadas boutiques, dirigidas a una clientela selecta, sobre todo del sexo femenino, quien podía encontrar en un solo lugar mil y un objetos sin necesidad de cambiar de tienda en un ambiente confortable y elegante. Además, los artículos tenían su precio marcado y un personal numeroso y especializado asesoraba a las clientas.
La invención de estos grandes almacenes se ha atribuido al francés Aristide Boucicaut, vendedor ambulante de sombreros en Normandía. A los diez y ocho años llegó a Paris. Trabajó en un bazar donde gracias al contacto con la gente aprendió a conocer los factores que influyen para vender un artículo. Haciendo gala de su espíritu innovativo, convenció al dueño para remodelar el almacén en departamentos con todo lo que pudieran necesitar los clientes, desde una aguja hasta una maleta. La sugerencia fue acogida y años después Boucicaut adquirió el negocio completo. Encargó a Gustave Eiffel un local más grande hecho con hierro y cristal. El establecimiento contaba con ascensores y escaparates enormes que permanecían iluminados toda la noche. También puso en práctica la entrega a domicilio y la venta por catálogo con la opción de devolución de productos.
En 1872, en Estados Unidos, se fundó “Bloomingdale´s”. En 1879, se creó la cadena de almacenes “Woolworth´s” donde toda la mercancía se vendía a un precio único: cinco o diez centavos. En 1902, se inauguró en Nueva York “Macy´s”. En Madrid y Barcelona también surgieron grandes almacenes como “El Siglo” y “El Corte Inglés”. Este último abrió sus puertas en 1940.
Este conjunto de marcas comerciales famosas, no hubieran sido posibles sin la intuición empresarial y concepción innovadora del comercio de aquel joven francés que iba de pueblo en pueblo vendiendo sombreros. (O)