
Celebrar y agradecer la vida de Monseñor Luis Alberto Luna Tobar porque supo ser Pastor de su Pueblo, un Ser que marcó un antes y un después en la historia de nuestra ciudad y del país, un Ser cuyo pensamiento y autoridad moral y espíritu ecuménico trascendió las más altas esferas del poder para ser Voz de los sin Voz, convirtiéndose en referente esencial para la sociedad, en los difíciles y conflictivos años ochenta y noventa, cuando su opción por los más pobres y necesitados le valió el calificativo de: “Obispo rojo, obispo comunista”. Gracias a una iniciativa ciudadana, diferentes colectivos e instituciones han preparado una amplia agenda de actividades para conmemorar los cien años del natalicio del “Monse”, Obispo de Cuenca (1981-2000), quien se identificaba como “quiteño de nacimiento, cuencano de corazón y cura de vocación”. Bien nos vendrá “reconocer la importancia de sus aportes desde la reflexión teórica, la fe, el apostolado, la acción política y el compromiso con los más necesitados”, como bien dice el comité organizador de esta celebración, al resaltar que “mantener viva su memoria implica reencontrarnos, revisar nuestra propia conciencia ética sobre todo ahora, cuando los horizontes de cambio y libertad lucen confusos e inciertos. Luna Tobar fue un apóstol de la esperanza, y esa esperanza es la que debe reorientar a las nuevas generaciones”. (O)