Epidemias, enfermedades y 
guerras que golpearon a Cuenca

La viruela diezmó a la población indígena; la guerra y afecciones causadas por la pobreza también han afectado a la salud

El antiguo hospital San Vicente de Paúl fue el centro asistencial para los pacientes en Cuenca.
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Por Ángel Vera

Con la llegada a las tierras americanas de los conquistadores españoles surgieron enfermedades como la viruela y el sarampión que causaron “el mayor daño a la población indígena que nunca había sufrido las mismas.  Se calcula que liquidó a la tercera parte de la población aborigen”. Si estima que la misma estaba por los 20 millones de habitantes, significa que unos siete millones fallecieron por estos males.

Juan Cordero Íñiguez, cronista vitalicio de la ciudad, enfatiza que se cree que las guerras de conquista causaron la mayor mortandad entre los indígenas pero en realidad fueron estas enfermedades, principio de lo que, según registros de la historia, ha afectado a la salud y vida de los pobladores de la región.

En Cuenca, en 1810, el canónigo (un dignatario religioso de la época) José María Landa regresó de Lima, a donde fue para pedir apoyo para luchar contra la revolución quiteña de 1809, pero de su dinero trajo el “fluido de vacuna”, que por primera vez se aplicó a la población local para combatir la viruela.

Tiempo después, en diciembre de 1820, en plena guerra contra la colonia española, más de 200 cuencanos murieron en el combate de Verdeloma y luego 28 murieron fusilados. Además, hasta 1822 Cuenca sufrió la represión de los españoles -1821 fue “El año terrible”- y luego la imposición de pesadas contribuciones por ambos bandos. Fueron grandes pérdidas en vidas.

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Otra enfermedad endémica fue el paludismo; sus efectos se sentían en todo el mundo. Pero su medicina la reveló un indígena de Loja que con la corteza de un árbol –la cascarilla- preparó una bebida, la quinina, que curó a la esposa de un virrey español.

La cascarilla se hizo famosa y en un tiempo, entre 1860 y 1890 importantes comerciantes de la misma fueron cuencanos y esa riqueza, más la de la exportación del sombrero de toquilla, les sirvió para modernizar la arquitectura de la ciudad, que siguió el modelo francés.

La peste que más daño causó en el país fue la fiebre amarilla, de 1842, en Guayaquil. En los últimos meses de entonces hubo hasta 500 defunciones por mes. Se debió esperar un siglo para su erradicación, ya en 1947.

Cordero recuerda que, asociada con la pobreza, también la tuberculosis afectó a una parte importante de la población y entre ella a las tejedoras de sombreros de paja toquilla, mal alimentadas y sujetas a un trabajo agotador para sobrevivir.

En 1884 una prolongada sequía que dio lugar a gran hambruna que afectó también a la salud de muchos y motivó una oleada migratoria a la Costa, en busca de trabajo. Esta dolorosa realidad social se refleja en tres obras literarias: “Leyenda de Hernán”, de Remigio Crespo; “Los Hijos”, de Alfonso Cuesta; y, de Carlos Aguilar.

Finalizaba el siglo XIX y en la región hubo otra mortandad. Los dirigentes conservadores de Cuenca se sublevaron al gobierno liberal de Eloy Alfaro, se produjo un conflicto armado y Alfaro tuvo que tomar Cuenca con una guerra. El 23 de agosto de 1986 fue la batalla final que, se estima, causó unos 2.500 muertos, entre amabos bandos. Estos están entre los eventos que más pérdidas de vidas humanas han causado en la historia local.

“Pabellón de la fiebre”

Un edificio de dos plantas, detrás del antiguo hospital San Vicente de Paúl de Cuenca, -hoy ocupado por la Policía Nacional-, se utilizaba para aislar y tratar a los pacientes de la “fiebre tifoidea” que, incluso en la década de 1940 podía ser fatal. El tratamiento con los modernos medicamentos, los programas de salud pública, la dotación de agua potable, ayudaron con el tiempo a mitigar los efectos de las enfermedades.

Historia y Medicina

Jacinto Landívar Heredia, médico, autor de estudios sobre Historia de la Medicina, en el estudio “Las epidemias en Cuenca y el Azuay durante la colonia” resalta que la viruela y el sarampión, traídas por los conquistadores, causaron –junto con la represión inca al pueblo cañari- miles de muertes.

El mismo inca Huayna Cápac murió de paludismo, según cronistas de Indias como Luis León y Garcilaso “El Inca”, que cita el autor. La llegada de los conquistadores e infecciones para las que la población indígena no estaba inmunizada causaron, entonces, que gran parte de ella muriera a edad temprana… “después de 1534,  -año de la fundación de Quito- casi el 50 % moría  al alcanzar los 15 años”.

En el siglo XVI, enfermedades como el sarampión, la peste neumónica, viruela, gripe y tifus, diezmaron a la población nativa. En el siguiente siglo, después que en el anterior fallecieran cientos de miles, se recuperó la población por incremento natural, inmigración y baja en el número y severidad de las epidemias.

Sin embargo las hubo: en Cuenca, peste entre 1680 y 1683; viruela (1691-1693); viruela, sarampión y alfombrilla (1694), además de desastres naturales, sequías y una pérdida repentina de la población.

El siglo XVIII se dieron algunas enfermedades como, en 1729, una gripe nacida en Rusia; en 1748, una epidemia de diarrea, fiebre y disentería que se prolongó hasta 1750 con viruela, sarampión, alfombrilla y pleuresías.

La epidemia más devastadora fue en 1785, ya antes, en 1783, hubo una peste, que movió al cabildo de la ciudad a ordenar la supresión y juegos y galleras y pagar misas para tratar de aplacar la ira de Dios. (I)