Mercado 9 de octubre: 91 años sirviendo a Cuenca

Muchas veces, el lugar de trabajo se convierte en la casa de uno, y los compañeros, en la familia. El Mercado 9 de Octubre puede ser un ejemplo de esa premisa. Desde su fundación, hace ya 91 años, las comerciantes que han abastecido a una gran parte de los cuencanos han pasado a conformar un núcleo familiar que a veces concuerda y en otras no, como pasa en todas las vidas.

La familiaridad se ha mantenido y el amor por un espacio que no siempre fue como se lo ve ahora se refleja en las mujeres que venden hortalizas, frutas, ceviches, hornado, morochos, jugos y un sinnúmero de objetos comestibles para todos los gustos.

Para entender lo que significa el centro de abastos hay que caminar por los pasillos divididos por los puestos y conversar con sus dueñas, quienes guardan una infinidad de historias buenas y malas, tristes y felices.

“El mercado es todo para nosotras. Yo estoy acá desde que tenía 14 años. Acompañaba a mi mami a vender pan. A mí no me gustó esa profesión y me puse a vender frutas, hortalizas y verduras hasta ahora”, dijo María Susana Coellar, de 55 años.

Doña María, como la conocen en el centro de abastos, guarda una de esas tantas historias que tienen las comerciantes: cuando se fundó el Mercado 12 de Abril, las autoridades quisieron llevarse a las vendedoras del 9 de octubre.

Pero las comerciantes de ese entonces ya estaban atadas a su espacio, por lo que se opusieron día y noche, a tal punto, que empezaron a dormir junto a sus puestos porque no quería desprenderse de su casa.

Mercado 9 de Octubre
En el pasado, en la Plaza Cívica se parqueaban los buses que venían desde Paute con comerciantes que llegaban para vender sus frutas. Fuente INPC

La medida, al final funcionó, y se mantuvieron en el mercado que ha tenido una serie de transformaciones hasta el presente, que funciona como un circuito con el centro comercial que se alza en la Gaspar de Sangurima y con la ya tradicional Plaza Rotary.

“Antes sí era complicado el mercado. Era peligroso. Pero se remodeló el mercado y ahora estamos bien ubicadas. Ya no es como antes las ventas. Tampoco me puedo quejar, sale para uno mantenerse, pero antes sí se vendía más”, contó Ruth Barros, quien vende, desde hace 32 años, los tradicionales jugos y las tostadas recién hechas.

: Los jugos que vende Ruth Barros, entre ellos el “rompe nucas”, son infaltables en el centro de abastos. Xavier Caivinagua

Un espacio que guarda el pasado

La infraestructura del Mercado 9 de Octubre ha sido parte de los lugares que son testigos de la transformación de Cuenca.

Empezando por su edificación, que fue construida en el siglo anterior en primera instancia para que funcione una biblioteca, terminó por convertirse en un mercado que, conforme pasaba el tiempo, presentó una serie de problemáticas.

El desorden, la insalubridad, la delincuencia fueron las características negativas que acarreaba el centro de abastos hasta que en el 2009 mostró una nueva cara a través de una remodelación que terminaría ganando la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, en la categoría “diseño urbano y arquitectura del paisaje”, en el 2010.

Aunque hoy en día, en sus alrededores todavía se mantiene el desorden por los comerciantes informales que buscan de alguna manera vender sus productos, al menos la cara del centro de abastos no se compara con la que se veía en los primeros años de este siglo.

“Antes era un problema muy, pero muy desastroso, pero hoy agradecemos la intervención que se hizo en el mercado porque es completamente distinto”, dijo Rosa Matute, dirigente de la Asociación Unión y Progreso que representa al mercado.  

Además de su historia propia, junto al parqueadero subterráneo el Mercado 9 de Octubre guarda un espacio antiguo llamado “Gallinazo”, un colector de aguas servidas que había sustituido a una quebrada que se emplazaba junto a la calle Mariscal Lamar, en el interior de las viviendas particulares.

Junto al parqueadero se encuentra el Gallinazo un colector de aguas servidas que había sustituido a una quebrada que se emplazaba en el centro. Xavier Caivinagua

Para quienes quieran conocer una parte de ese colector que se extiende hasta la Chola Cuencana solo deben asomarse por las puertas de vidrio que dan a un túnel que en algún momento sirvió a Cuenca.

Buscando orden

Una de las precauciones que siguen latentes en el centro de abastos es el desorden que se ve en las aceras y calles que lo rodean. Basta con caminar por la Mariano Cueva o la Vega muñoz para encontrarse con una serie de problemáticas que tiene el barrio.

 “Solo le pedimos al alcalde que nos ayude con las ventas que hay en las calles porque además del desorden, hay días que entre compañeras nos vemos las caras porque no se vende”

Las comerciantes esperan que el gobierno actual que tiene Cuenca pueda, de una vez por todas, cambiar la realidad que se vive en las zonas aledañas al mercado más antiguo de la ciudad. (I)

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