
Como bien dice el poeta y escritor venezolano Rafael Glem en su campaña: “Por un idioma sin idiomo” es necesario entender que el idioma no se presta a frases en donde se incluya el femenino a todas las palabras, porque simplemente no está aprobado por la Academia de la Lengua.
No es correcto decir que las vacas tienen vacos y los toros, toras. Entonces, por simple lógica el idioma no puede ser ultrajado por el simple hecho de tratar de dar un protagonismo a los grupos que se denominan feministas o minoritarios.
Me parece terrible que las repeticiones y las modas pretendan dañar un idioma tan hermoso como lo es el castellano, que proviene del latín. Los políticos y los gestores culturales en sus discursos hablan de todas, todos, todes; de gobernantas y gobernantes, de estudiantes y estudiantas; que derroche de palabras mal utilizadas.
Sé que con mi artículo no podré cambiar el sistema y las mañas que se reproducen por repetición y mala costumbre, pero al menos los que amamos cada letra, procuramos que el lenguaje sea usado de la forma correcta y con su debido significado y significante.
Entonces, estimado lector si usted escucha expresiones en las que se precise el femenino de algunas palabras, en este simple ejemplo la lógica lo llevará a entender que el femenino o masculino no aplica para el idioma: “La triga no tiene trigo”, “Un trono no tiene trona”, “No hay jaguara para el jaguar”, “El loro no tiene lora; ni la flor, flora” como tampoco “las hormigas tienen hormigos”.
Las casas tampoco tienen casos, porque automáticamente cambia el sentido de la expresión verbal o escrita; así que ojo, las palabras no tienen género sino artículos y conectores. Dicha moda de cambiar el sentido de las palabras dejemos a los alternativos que les gusta ganar protagonismo, con tendencias absurdas para mi gusto.
En una sociedad de espuma y de cristal, prioritario es cuidar del idioma y su correcta escritura; aunque penosamente para algunos, ésto es un asunto de “antiguos”.