
Entre gallos y medianoche, adopta decisiones y emite resoluciones quien funge como presidente del Consejo de la Judicatura, poniendo en evidencia el poco respeto al cargo que ostenta, a la entidad que representa, así como a los ciudadanos y habitantes del país, que asistimos estupefactos a la serie de atropellos y violación de leyes y normas que tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir.
Más allá de las grotescas ilegalidades, está el burdo menosprecio a la inteligencia de quienes tenemos que padecer sus decisiones; el descrédito de la Función Judicial, al que abonan día a día es una afrenta al país entero, no sólo por la imagen que se proyecta a nivel nacional e internacional sino porque la administración de justicia está en manos –pocos se salvan- de gente que no conoce de principios y ética y que atenta sin rubor a la Constitución y la ley.
Los individuos que están al frente del CJ provocan vergüenza ajena, así como quienes, por conveniencia, aceptan sin chistar sus decisiones. (O)