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La paternidad y el reto de la crianza compartida y equitativa

Felipe Méndez generó un vínculo fuerte con sus hijos luego de involucrarse en el proceso de crianza. Andrés Mazza/El Mercurio

Una de las anécdotas que más recuerda Felipe Méndez es cuando estuvo perdido en Quito. Aquel día, a su hija de pocos meses de vida le tocaba recibir una vacuna. Él sabía el cómo y el cuándo, pero no el dónde. Aun así, preguntando y andando encontró el lugar para vacunarla. Aquello, para Felipe, significaba seguridad y tranquilidad.

Sobre la vacunación, que a veces se lo considera como un detalle sin importancia, Felipe lo supo mientras aprendía a ser padre. En aquel proceso, su esposa tenía que estar fuera y lejos porque trabajaba. Entonces asumió varias responsabilidades que hasta ahora siguen cumpliendo muchísimas mujeres.

Desde cambiar un pañal a estar pendiente de las vacunas de los primeros años, de inmiscuirse en la educación hasta llevarlos a un parque a jugar; acciones que se leen simples pero que no todos los padres lo hacen. Felipe sí lo hizo, primero con su hijo que ahora tiene seis años, y luego con su hija, de tres años.

“En la época que nació mi primer hijo tuve que asumir el rol del cuidado porque la mamá trabajaba en Quito, y allí se generó un vínculo fuerte. Tuve una dinámica en la que aprendí a qué hora tenía que darle de comer, a qué hora dormía”, dice Felipe, de 32 años.

Con la experiencia de criar a su primer hijo, con su hija ya no fue tan difícil. Sin embargo, llegó la pandemia, y en el encierro sí se complicó la crianza. Felipe vio que el estar encerrados provocó a sus hijos un poco de ansiedad porque estaban acostumbrados a estar con otros niños. “Lo que rescato de la pandemia fue la teleeducación porque tuve la oportunidad de estar cerca de su aprendizaje. Aprendí a ser crítico conmigo mismo porque me dije hasta qué punto apoyo o no apoyo a mi hijo en temas educativos”, agrega Felipe.

Crianza

En el proceso de crianza, Felipe se dio cuenta del trabajo que cumplen las madres y de las limitaciones que tienen que ponerse porque el tiempo ronda en torno a los hijos.

Luego de perder a su esposa, Gustavo tuvo que asumir toda la responsabilidad en la crianza de su hijo. Cortesía

De lo mismo se dio cuenta Gustavo Cajamarca, quien perdió a su esposa cuando estaba embarazada. Los médicos lograron salvar al niño que solo cumplió siete meses dentro del vientre de su madre.

“Yo no sé de dónde saqué las fuerzas. Mientras yo esperaba ver a mi hijo, mi esposa había fallecido. Y yo decía ahora qué hago, cómo hago, cómo me enfrento a esto. Lo normal, o lo que nos parece normal, hubiera sido entregar a los abuelitos, pero yo me dije que yo mismo lo criaría, que yo podía ser mamá y papá”, dice Gustavo, de 30 años.

Cuando le entregaron a su hijo empezó un proceso titánico que fue acompañado por sus familiares más cercanos: criar a un bebito que hoy ya tiene cinco años. Para Gustavo fue muy difícil, porque además de redoblar los esfuerzos para obtener dinero para comprar la leche en polvo, estaba el hecho de cuidarlo solo y de asumir los roles que las mujeres cumplen una vez que se convierten en madres.

“Cuando estaba embarazada yo le acompañaba a todos los controles. Siempre estuve atento. Yo decía que íbamos a cumplir con equidad la crianza de nuestro hijo, y total, de un día al otro todo cambió y ella murió, y tuve que asumir todo”, dice Gustavo.

Pese a las adversidades, tanto el padre como el hijo están bien a través de un proceso que ambos han ido estableciendo para apoyarse el uno al otro.

Prejuicios

Cuando supo que iba a ser padre, Fernando Pineda ya sabía la crianza debía asumirse en equipo. Pero para eso él requería de cierta independencia. Por ello decidió emprender, para tener un poco más de tiempo y asumir sus responsabilidades como papá.

Y de alguna manera funcionó porque tuvo la oportunidad de elegir. Mientras su esposa trabajaba como docente, él trabaja con su hijo desde casa. Pero para Fernando, no todos tienen la oportunidad. “Debería ampliarse el sentido del rol paterno, de reconocerlo. Hay una diferencia, por ejemplo, cuando te dan un permiso de maternidad de tres meses, y por paternidad te dan una semana o hasta 15 días. Y claro, hay personas que tienen el apoyo de los padres, pero otros no. Y el padre, que es el vínculo más cercano, no le dan ese tiempo”, dijo Fernando.

Dentro de esos cambios que deberían aplicarse, para Felipe Méndez, están los prejuicios de que un “padre no puede”, cuando, en algunos casos, el concepto de paternidad, de a poco, en algunas familias ya es diferente. “La sociedad juzga mucho y creen que los padres no podemos estar con nuestros hijos. Se le asocia mucho a la mamá el rol del cuidado, de la protección, del amor, cuando los papás podemos hacer lo mismo, quizás desde otra mirada”, dijo Felipe.

Un fiel ejemplo de ello, y lo dice con modestia, es la historia de Gustavo Cajamarca. “Yo cuento mi historia porque algún día espero leer con mi hijo, cuando seamos viejitos, nuestra historia para decirnos que sí pudimos salir. Los papás también pueden. Solo es cuestión de creer”, dijo Gustavo, quien hoy celebrará su día junto a su hijo. (I)

Para Fernando Pineda es necesario ampliar el sentido del rol paterno. Andrés Mazza/El Mercurio
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