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Para ser un … (ciertamente hay que estar preparado)

Tito Astudillo Sarmiento

Ser asambleísta que implica, en lo fundamental, primero escribir las normas que rigen sobre nuestro colectivo; y, luego fiscalizar la ética, honestidad y transparencia del desempaño de las funciones de los más altos burócratas públicos en verdad hay o habría que estar preparados…

Creo que poner por allí algunos temas de discusión son urgentes y necesarios, provocando una suerte de reconfiguración de la asamblea en conformación, funciones y condiciones.

En tanto a su conformación podríamos decir, a lo sumo, un asambleísta por cada provincia y uno adicional por cada quinientos mil habitantes sobre la base, es decir, no más de 35 asambleístas provinciales; y, ¿para qué sirven los asambleístas nacionales? Ok, entones allí póngale cero y dejemos en 30 hasta 40 asambleístas en total.

El asambleísta pertenece a la bancada, pero representa a la provincia, por tanto, sus posiciones deben corresponderse con los diálogos, debates y deliberaciones, no con sus partidos, todo lo contrario, con los habitantes de las provincias que “representan”.

Finalmente, en cuanto a las condiciones, parafraseando a Cortez, “para ser un pequeño burgués ciertamente hay que estar preparado” para ser profesor de la U hay que tener, al menos un master, cuando no un Phd, haber publicado artículos científicos en revistas acreditadas y reconocidas, contar con años de experiencia en la docencia y estar al día en todas las obligaciones ciudadanas que impone el contrato social; y, ¿para ser asambleísta?

¿Qué tal si exigimos titulación basta, pertinente y suficiente?, ¿qué tal si exigimos probidad notoria acreditada a partir de su acumulado personal y profesional?; y, finalmente, qué tal si le exigimos-proponemos a la Corte Constitucional que nos deje decidir, en las próximas elecciones seccionales, si queremos reconfigurar la asamblea de inmediato y, al menos en tamaño resolvemos ¿cuántos son y quiénes se quedan? (O)

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