Realidades que preocupan

Hugo Lucero Luzuriaga

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Con la crisis carcelaria se evidencian muchas realidades que preocupan a la ciudadanía, mismas que pasaron inadvertidas o desestimadas por todos los gobiernos de turno, con escenarios de preocupantes decisiones contradictorias entre el Gobierno, Corte Constitucional y más organismos estatales, además de incertidumbres ante algunas actuaciones de nuestro sistema judicial y de la seguridad nacional.

Preocupaciones muchas como que con celeridad se les juzgue a policías por disparar sin previo permiso y por otro lado ágilmente se deja en libertad a “mimados” delincuentes; preocupa que se le exija a la policía casi que desarmada a enfrentarse a una delincuencia bien entrenada, con armas sofisticadas y con la posibilidad de que cuando salgan libres se tomen venganza contra los uniformados; preocupa que las cárceles estén controladas por algunos internos “cabecillas”; preocupa que los trámites se tornen tortuosos y lentos para excarcelaciones legales, en contraposición algunos “jefes” que son dejados libres sin mayores contratiempos; preocupa que haya una sobrepoblación de reclusos que viven en completo hacinamiento; preocupa que se internen en mismos espacios a delincuentes peligrosos con personas sin mayores antecedentes negativos; preocupa la gran cantidad de reclusos con presión preventiva en espera angustiante de demorados fallos judiciales; preocupa los negocios internos carcelarios que le han convertido en el mercado más caro del país; preocupa la guerra de bandas delincuenciales en las cárceles que se han trasladado a las calles con la utilización de diversas armas que increíblemente pasaron por los llamados filtros de seguridad.

A esta crisis carcelaria se suma la delincuencia de los de cuello blanco, que se han desaparecido, pero que es necesario se tomen las acciones legales correspondientes ante tanta sinvergüencería y desfachatez, empero, es urgente y prioritario afrontar las causas generadoras de estos desajustes sociales cuales son: la pobreza, desocupación, falta de vivienda, educación deficiente, desnutrición infantil, crisis en la justicia y principalmente la corrupción solapada en la impunidad. (O)

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