Realidad migratoria

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No por ser recurrente debe obviarse todo cuanto ocurre alrededor de la migración, mucho más en una región como el Austro donde este fenómeno es parte de su contexto social y económico, acaso predominante.

Recorrer pueblos azuayos y cañarenses permite comprobar una realidad: la masiva migración de indocumentados hacia los Estados Unidos. Si lo pudieran se fueran todos, expresan los consultados.

Unos llegan a su destino soñado. Otros no; pero persisten y lo logran. Otros mueren, desaparecen quien sabe dónde, son extorsionados, en tanto sus familiares sufren el calvario hasta no saber el desenlace de la aventura migratoria.

Todos esgrimen las mismas causas: falta de trabajo, los ingresos, en muchos casos, no satisfacen las necesidades básicas. La agricultura no es rentable y, por lo tanto, el campo está incultivable; no poder ingresar a la universidad pública; la urgencia de la reinserción familiar. En fin.

Eso confirma la otra realidad: el tráfico de indocumentados sigue vigente. Mientras haya demanda esta oferta ilícita persistirá. Ahora, las redes sociales es el medio más usado por quienes se dedican a ese lucrativo negocio transnacional.

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Comunidades rurales de Azuay y Cañar se quedan casi vacías. A lo mucho con personas de la tercera edad. 

El censo nacional a efectuarse próximamente revelará la realidad demográfica de estas dos provincias, cuya actividad económica gira alrededor de las remesas enviadas, la mayoría para subsistir.

Cumplir el “sueño americano” no es encontrar la panacea. A las pocas posibilidades de trabajo, peor en condición de indocumentados, se suma la sobrepoblación migratoria; y ahora la casi segura recesión económica en los Estados Unidos cuyos efectos también aterrizarán en Ecuador.

Ver, apoyar, endeudarse, poner en juego la vida, enfrentar el desarraigo familiar, parecen ser boyas salvavidas de miles de azuayos y cañarenses para intentar reflotar en un panorama poco alentador. Es la historia, desde hace décadas, de estas dos provincias.