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Esclavos de la corrupción

Luis Muñoz Muñoz

Acabamos de celebrar doscientos trece años, desde que los próceres de la independencia, se tomaron el palacio de Carondelet, sede de la real audiencia de Quito, para proclamar una junta patriótica que gobierne estas tierras. Desde entonces nos legaron libertad, y Quito se convirtió en Luz de América, siendo el ejemplo para la liberación de los demás países dominados por el yugo español, empero hoy somos esclavos de la corrupción arraigada en las esferas estatales y en casi todas las instituciones públicas salvo honrosas excepciones. Los escándalos en la administración de la hacienda pública son evidentes, el fraude y clientelismo, se ha expandido como una sombra de cinismo y desprecio por la legalidad, obstáculo que imposibilita el desarrollo y el buen funcionamiento del aparato estatal. Los sectores vulnerables no son atendidos prioritariamente entre ellos niños y ancianos, mientras el narcotráfico, la delincuencia organizada, el sicariato y la violencia, van tomando cuerpo dejando una huella indeleble de muerte y desazón. Al parecer el crimen organizado, las bandas delincuenciales, van ganado terreno, porque el esfuerzo que hace el Gobierno por controlar esta situación, resulta insuficiente. La libertad que nos legaron los patriotas entre 1809 y 1812, hoy es arrebatada por la corrupción y la delincuencia, que no permiten el desarrollo de nuestra patria. Para protegerse los corruptos. manosearon las Leyes, las hicieron a su antojo a fin de cuando llegue el momento, la pena a imponerse por el delito de Asociación ilícita, resulte un escarnio para la sociedad y un premio para los corruptos. Los atracadores de los  fondos públicos  han  roto el tejido social, recomponerlo se convierte en una labor tan difícil como construir un barco en plena mar. Hace falta reformar las leyes o dictar nuevas para castigar en forma ejemplar a estos facinerosos, que han puesto al país en vilo, mientras la gran mayoría de compatriotas miran absortos estos despreciables hechos. (O)

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