Principio de reciprocidad

En lo internacional, existe un Principio de Reciprocidad que, por costumbre, un Estado ha de conceder a otro Estado, un trato similar al que se recibe. El desarrollo de este “Comitas Gentium,” que significa cortesía internacional, inició hacia el siglo XVII bajo una especie de sentido común, que atiende a la conveniencia, las posibles oportunidades en las relaciones entre estados, o actos que se hacen por tradición. Desde lo formal, esto está por ejemplo en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961) y Consulares (1963), por las cuales se otorgan privilegios e inmunidades a los cuerpos diplomáticos y consulares entre estados. Así también hay tratados internacionales en tema de beneficios fiscales, extradición, y otros.

Al ser algo regulado, de nivel político, e internacional, parece ser distante. Es como si la reciprocidad quedara a lo jurídico, y nos permitimos dejarlo en manos de departamentos gubernamentales. Pero, ¿Qué hay del principio en sí que por su naturaleza misma de ser un principio debería estar en todo y en todos? Y al mismo tiempo, ¿Es realmente ventajoso cumplir con este principio a sabiendas que posiblemente un acto solo obliga a devolver esa intención?

Principio, es el fundamento de algo, y como punto de partida, marca la línea a seguir. Así, desde la idea que presento en este artículo, un principio es la base y la razón para una norma o idea que rige el pensamiento o la conducta. De ahí que un principio conlleva ética, moral, bondad, porque se supone que, al iniciar una creencia o una forma de vida, deberá llevar en sí las mejores propuestas y experiencias para asentar los valores que nos rigen.

Reciprocidad, es responder a una persona (y como se ve, puede ser también circunstancia o estado), de manera mutua a cómo han sido con cada uno de nosotros. El problema podría estar en que dejamos el concepto espiritual y humano de “principio” y solo damos la reciprocidad al estilo Ley Talión de “ojo por ojo y diente por diente,” anunciando venganza.

Aquí hay más “la buena fe” o actuar de manera adecuada. Brinde tiempo a alguien, devuelva una invitación, abrace al pariente más complicado, sea prudente con los favoritismos, de frases positivas y cariñosas, deje de lado la manipulación, y verá a su vida ser un espacio de disfrute y amor sincero. (O)

Lcda. Estefanía Chalco

Magister en Gestión Cultural, Licenciada en Estudios Internacionales y Comercio Exterior. Ha ejercido funciones en el sector público y privado ante organismos internacionales. Gestora de proyectos sociales.

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