Romper el ciclo

Ocho años después de dejar el poder y desde su exilio en Bélgica, Rafael Correa sigue marcando la política ecuatoriana. Su influencia no solo persiste, sino que domina el debate electoral y condiciona las estrategias de sus opositores. Ninguno de los tres gobiernos que lo sucedieron ha logrado consolidar una alternativa que realmente dispute el respaldo popular que el correísmo construyó durante su década en el poder. La constante polarización entre correísmo y anti-correísmo ha impedido que el país avance con una visión política propia, atrapándolo en una dinámica estéril de confrontación.

El correísmo no es solo un movimiento, es una identidad política basada en una narrativa clara: el pueblo traicionado por la élite, la partidocracia y el neoliberalismo. Este discurso ha perdurado porque ha sabido canalizar la frustración social en tiempos de crisis. Sus adversarios, en cambio, han reducido su estrategia a descalificar a Correa sin ofrecer una propuesta que genere confianza en el electorado. Peor aún, han caído en los mismos errores que denunciaron. Actitudes autoritarias, sospechas de corrupción, manipulación de la justicia y persecución a los críticos, sumados a la falta de resultados concretos en la gestión de los últimos gobiernos, han reforzado la nostalgia por la estabilidad y el bienestar que muchos ecuatorianos aún asocian con la Revolución Ciudadana.

Romper este ciclo requiere algo más que oposición al correísmo. Ecuador necesita una nueva visión política que garantice seguridad sin autoritarismo, progreso sin corrupción y justicia social sin manipulación. La seguridad debe abordarse desde la inteligencia y la prevención, no con medidas improvisadas de represión. La transparencia debe convertirse en un pilar del Estado para que la lucha contra la corrupción no sea solo un eslogan. La creciente indignación por las dudas sobre la integridad del actual gobierno y el incumplimiento de expectativas solo profundiza el desencanto ciudadano. La asistencia social no puede seguir siendo un mecanismo de lealtad política; debe convertirse en una herramienta real para generar empleo y oportunidades de educación.

El desafío no es derrotar a Correa, sino superarlo con una alternativa que dispute su monopolio sobre la esperanza. Este reto recae tanto en el oficialismo como en la oposición, si realmente aspiran a consolidar una propuesta de futuro. La política ecuatoriana no puede seguir girando en torno a Correa, sino que debe centrarse en el país y sus ciudadanos. Si los líderes del futuro quieren romper este estancamiento, deben dejar de reaccionar y empezar a construir.

DZM

Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación Social con experiencia en coberturas periodísticas, elaboración de suplementos y materiales comunicacionales impresos. Fue directora de diario La Tarde y es editora.

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba