La sombra del faique

El faique es un árbol de 5 a 6 metros de altura, de fuste cilíndrico, de corteza gris pardusca, con ramas pendulares gruesas se inician en la base, de copa aparasolada y de color verde amarillento y se encuentra en los valles interandinos secos y en la costa. Históricamente, viajeros y caminantes luego de extenuantes jornadas descansaban bajo la tenue sombra de los encantadores faiques.

Nuestro planeta es muy bueno. En primer lugar, tenemos la alternación de noche y día, de amanecer y puesta del sol, y un fresco atardecer que sigue a un día caluroso, una alborada silenciosa y clara que presagia una mañana activa. Tenemos los árboles majestuosos que nos dan sombra en verano, y no tapan el sol tibio en invierno. Tenemos también la sombra de los faiques, el silencio de las montañas, y esto es terapéutico: los picachos en silencio, las rocas silenciosas, los árboles silenciosos, todo en majestuoso silencio.

30 de junio, mientras la gente se alborotaba en la ciudad, bajo la contaminación ambiental y la inseguridad ciudadana, salí de Cuenca y me dirigí a la parroquia de Susudel, situada a 80 klm al Sur Oriente de Cuenca; lugar que está cobijado con montañas y hermosos faiques.

Era un día caluroso, caminé por un empinado sendero hasta llegar al pie de un faique, y me senté bajo su sombra, mi corazón se llenó de alegría, y el viento trajo a mi memoria el recuerdo de los grandes maestros de la humanidad como Jesús el Nazareno, Gandhi, Confucio etc. y mientras acudían a mi mente los supremos valores que han engrandecido al ser humano me pregunté: ¿Acaso Dios nos dio el soplo de la vida para colocarlo bajo los pies de la muerte? ¿Él nos dio la libertad para hacer de ella una sombra de la esclavitud?. La vida debería estar llena de felicidad y libertad, ¿Por qué no quitarnos el pesado yugo de la codicia, de la prepotencia y el autoritarismo que nos han impuesto sobre nuestros hombros los falsos profetas y los brujos de la política? ¿Por qué no rompemos las cadenas de nuestros pies, para caminar libremente por los apacibles senderos de la paz, la libertad y la verdadera democracia?

Quién extingue el fuego de su propio espíritu con sus propias manos, es un infiel ante los ojos del cielo, pues el cielo encendió el fuego que arde en nuestro espíritu.

De vuelta a la ruidosa ciudad, pensé alojar mi espíritu dentro del cuerpo; pero de pronto desapareció fuera; traté de nutrir mi virtud con la dulzura, pero de pronto se convirtió en intensidad de sentimientos, al observar tanta codicia y falsedad; hambre y pobreza frente a riqueza y opulencia, autoritarismo, mentira y corrupción. Volveré a utilizar a la naturaleza para calmar mi espíritu, pediré otra vez al faique que me acoja bajo su sombra y al silencio de las montañas que deleiten mi corazón.

Para poder beber el néctar puro de la realización de la existencia, debemos tener un sentido de respeto por esta madre tierra, vivienda temporal de nuestro cuerpo y espíritu. (O)

CMV

Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación Social y Diplomado en Medio Impresos Experiencia como periodista y editora de suplementos. Es editora digital.

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